
No entiendo cómo los gringos pueden tomar ese café de mierda. Es que acá tenemos toda la tradición de la ?bella italia? y todo el poder del mejor café de Colombia. Acá tomamos fuerte, no como esa mierda que hacen en Nuebayor, que parece licuado de paraguas, como decía mi abuelita, quediolatengaenlagloria.
Fui a tomar un café a ese ?Starbaz? nuevo, que le dicen. La gran cafetería americana, pa' tomar el feca como en las series de Sony. Es una cagada, parece tinta. Pero tiene una cosa buena: ¡Qué minitas! Ahí, en el ?Starbaz?, fue donde conocí a Constanza. Pilchita de marca, maquinita de última generación, telefonito celular Aifoun y una risa que sonaba como a burbujitas, cada vez que algún concheto retardado le decía alguna estupidez por el celular.
Estaba decidido a encararla, pero tenía un poco de cagaso que no funcionara. Entonces, intenté el segundo truco más viejo de la historia de la seducción:
?¿Qué está tomando esa chica? ?pregunté a la mesera.
?Un latte.
?¿Un qué?
?Bueno, es un café con...
?No, mirá ?la interrumpí?, no me expliques nada. Cuando se lo termine, le llevás otro y le decís que es de parte mía.
Unos quince minutos después, mi agasajada recibió el obsequio. Cuando la mecera me señaló, me dedicó una sonrisa amplia, toda llena de dientes y yo, sin dudarlo, tomé mi campera de cuero del respaldo de la silla y mi cortado de arriba de la mesa, me acerqué con sonrisa triunfadora.
?Pero qué atento, Señor ?me dijo, cuando me senté frente a ella.
?Ay, nena, no me digas ?Señor?, ni que fuera tu abuelo.
?Bueno, pero sos más grande que yo ¿Verdad?
?Y, sí, un poco ¿Cómo te llamás? ?cambié de tema.
?Connie ¿Y vos?
?Tito Petruzzi, a tus siempre gratas órdenes ?sonreí?. ¿Ko Ni? ¿Es coreano? Porque no parecés coreana.
?Ay, no, Tito Petruzzi ?estalló en una carcajada?, es diminutivo de Constanza, pero no me digas Constanza que es feo.
?Y Ko Ni es lindo...
?Connie tiene toda la onda.
Me pedí otro cortado y un Carlitos ?aunque le tuve que explicar a la mesera, porque ahí lo llaman tostado mixto? y la escuché contarme sobre su vida. Que vivía con los viejos, que estudiaba en la Universidad Austral, que escribía poesía, que trabajaba en Palermo Balei ?una zona de Palermo que no conozco, debo admitir?, que había modelado para la Para Tí un par de veces, pero no le había gustado, y otro montón de cosas que me aburrieron más que la final del torneo de bochas del Club Villa Dei, pero que tenía que escuchar con cara de interesado, si quería ganármela.
Como todo un caballero, pagué la cuenta y me ofrecí a llevarla con el coche hasta donde tuviera que ir. ?A casa?, me dijo. A San Isidro. ?Pero, la puta madre, no engancho una mina que viva cerca?, pensé, mientras le miraba las tetas y no dejaba de sonreir.
Cuando llegamos a La Horqueta ?así me dijo que se llamaba ese barrio de calles llenas de curvas, que el mapa parece un nudo marinero mal hecho?, se acercó para agradecerme con un besito en la mejilla. Y yo, sin dudarlo, le agarré la cara con las dos manos y le encajé tremendo chupón.
De cuando tú vivías en mi cuerpo...
Ya no puedo dormir
y aún es de noche
pero a lo lejos ya parece que amanece
y el mar luce calmado
reflejando la luna
y el sol que llega bravo derrite sus colores.
Y de rojos sabores y miradas
me preparo el café sin hacer ruido
y te miro desnudo
tumbado entre las sábanas.

¡Qué difícil pensar que debes irte!
El libro de mis piernas quedó escrito
y es así que me tienes
y es así que olvidé
que te has marchado
que marchas cada noche
para dejarme a solas con mi vida.
De cuando tú vivías en mi cuerpo
me queda todavía todo lo que me quiero.
Foto: Cortesía & © by Tony McBurney
... y las mujeres fingen.
La sociedad ha impreso entre los géneros estas características aparentemente opuestas, que los distingue y separa. Pero no todo es lo que parece
Este es un mito cultural, propio de nuestra sociedad, respecto a la diferencia del clímax entre la mujer y el hombre.
Creer que siempre el hombre goza es una utopía. Lo mismo sucede cuando se cree que la mujer finge y encarna el papel de la que disfruta, de la que espera como una retribución el sentir, o que tiene sexo por obligación.
Aunque a veces se atribuye el goce sexual masculino a las conquistas, no siempre el hombre disfruta de todas sus experiencias. Si bien necesita demostrarse a sí mismo que es cazador por naturaleza, la presa no siempre es la que desea, y a veces el mismo instinto sexual lo lleva a la conquista de un tipo de mujer que no es la que elegiría para pasar más que una noche.
El hombre no necesita enamorarse para conquistar, pero necesita conquistar para sentirse viril. Nuestra sociedad denomina a este prototipo de hombres "mujeriegos", porque la intención es dar cuenta que ?pueden con todas? y que ?tienen a la que quieren?. Con este pensamiento machista andan por el mundo simulando ser felices y que disfrutan sexualmente, pero en realidad esta conducta se asocia más al vacío continuo: ninguna tiene el perfil de mujer que buscan.
La mujer, en cambio, para disfrutar sexualmente necesita enamorarse, sentir que ese hombre la completa, y cada nueva conquista despierta sentimientos diversos como el temor al abandono, o la angustia frente a una nueva experiencia. Al no disociar lo físico y lo emocional como el hombre, por temor al abandono finge el placer sexual para conformar al otro, sin importar las consecuencias en su vida emocional, porque esta actuación le va provocando sentimientos de ira y frustración.

Fingir el orgasmo no sólo es una tarea desalentadora, sino que produce temor al reconocer que no se puede gozar realmente, y cree que esta imposibilidad se debe a una limitación propia, cuando en realidad obedece a un conflicto en el área de la comunicación y el diálogo.
Los hombres rechazan la idea que la mujer finja, y niegan que esto suceda con ellos. La mayoría intenta todo el tiempo reconfirmar qué les pasa a ellas, y siempre esperan y exigen que manifiesten que el orgasmo fue sentido realmente con mucha intensidad.
En el caso de que alguna mujer confirme su dificultad para gozar, hacen de cuenta que esta respuesta se debe a un sentimiento de bronca, pero nunca serían capaces de admitir que han fallado.
Pero los hombres no tienen toda la culpa, la sociedad colabora precisamente con el hecho de ejercer presión sobre este punto, ya que la pregunta común es: ¿gozaste?. Nunca se plantean entre ellos: ¿ella tuvo un orgasmo?. Quizás lo que no se interroga tiene una razón clara: los avergüenza el hecho de no haber tenido un buen rendimiento sexual.
Foto: Cortesía & © by Cezary Galaj
Sí. A fin de buscar con lengua febril, tu pezón concupiscente.

Y sí, tan suave? Embelesarme con tu cuerpo, deleitarme con el olor de tu piel, amar tu sexo caliente y aceptar tu voluntad.
Sí, también profundamente... Enamorarme de tus besos, aprobar tu indecencia, apreciar tus deseos, acariciarte con gusto, escuchar tu entusiasmo tratar de sorprenderte, estimar el momento de tu orgasmo y probar tus límites.
Y sí, también intensamente... El sabor de tu néctar, comer tu cuerpo, aprisionar tus suspiros, sentir tu explosión y saborear tu dulzura.
Sí, en movimiento... Disfrutar de tu bis, buscar agotarnos, y estar loca por REPETIR.
Foto: Cortesía & © by Przemek Biatek
Más allá de todos los cambios con los que me está sorprendiendo la vida, de adentro hacia fuera, del centro hacia arriba, con reflejos o con mi cabello natural, algo no cambia...

Mi corazón sólo tiene un dueño.
Foto: Cortesía & © by Roberto Roseano
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