Colección Voyeur

Lunes 23 de Agosto de 2004
Acerca de lo que podemos y no podemos ver

Buenas tardes, damas y caballeros de nuestro Blog.

Quiero hacer un aporte a la nota de Monse y la de Jimmy, que encontró las publicidades que nunca pudimos ver, para referirme brevemente –Breve, Silvia... ¿Comprendés? En el Blog se espera que uno sea breve... el usuario no se detiene a leer mucho (se pueden imaginar de quién proviene esta "sugerencia", ¿eh?– al tema de la censura y la autocensura en la publicidad.

En Argentina, tiene que ver directamente con la hipocresía con que se manejan los autodenominados "medios de comunicación" y que yo llamo los deformadores de cerebros.

Cuando a una empresa se le censura una pieza publicitaria –pongamos por caso– de televisión, el argumento es que el COMFER (Comité Federal de Radiodifusión) y la asociación que agrupa a las agencias de publicidad y la moral y las buenas costumbres, etcétera, etcétera, etcétera.

Imaginemos a una empresa que ha preparado una pieza publicitaria de venta de videos XXX, para adultos o pornográficos, como se le quiera llamar. Pero la pieza no es con fin comercial específicamente, sino institucional. Entonces, el día que tiene que salir al aire, ¡Zas! No aparece. Al otro día, el cliente llama para reclamar porque el aviso no ha salido tal como estaba pautado.

Seguramente se encontrará con esta respuesta:

–Esa publicidad no fue emitida por obscena.

Supongamos ahora que el cliente conoce la programación del canal en cuestión, tiene sentido común y conoce las leyes, reglamentos y ordenanzas. Entonces esgrimiría el siguiente argumento.

–Pero ¿qué tiene de malo esta pieza publicitaria? Se muestra a una chica pasándose un cubito de hielo por el cuerpo, mientras giran las paletas de un ventilador, con música de saxo y aparecen pantallazos de un apuesto musculoso partiendo una barra de hielo, es decir que lo que se está mostrando es la idealización visual de una fantasía, ya que la chica ni siquiera está desnuda".

–El mensaje –responderá el censor de turno que seguramente será un empleaducho cagatintas a quien le encargan hacer el trabajo sucio.

–¿El mensaje? –preguntará, estupefacto, el cliente.

–Sí, el mensaje, porque la voz final de la locutora dice: "Rompa el hielo con Video Sex" –surge rápida, inapelable, la interpretación del censor–. Y no se puede publicitar productos que sean obscenos.

–¿Eh? –la incredulidad del cliente le hará caer la mandíbula como un ascensor al que se le cortaron los cables sin previo aviso–. Pero si la pieza publicitaria está pautada para después del horario de protección al menor.

–No interesa. La imagen es obscena –se empecina el empleaducho o gerentito, o lo que fuere, en la organización de esos monstruos especialistas en estupidizar a la población.

–Pero, a ver... Si ustedes en el mismo horario –por eso se eligió esa hora, en la que la tarifa es más alta–, ponen en el aire una telenovela –por llamarla de alguna manera–, que en síntesis es la historia de un cura que se acuesta con las chicas que van a su parroquia... ¿Eso qué es? ¿Moralizante?

–Eso es artística, señor –será el argumento del mercenario de turno–. Lo suyo es comercial.

–¿Y?

–No es lo mismo.

–Perdóneme, caballero. Pero la pornografía es pornografía. Ya sea en forma de telenovela o en forma de aviso publicitario. ¡Mi pieza publicitaria ni siquiera sugiere una relación sexual!

–No se puede... –será la intransigente respuesta, dando la conversación por concluida–. Esa pieza no sale al aire.

Y si te gusta bien, y si no, también.

Porque, señoras y señores, en Argentina la cosa es así:

Si lo que se muestra pertenece a lo que en los canales llaman "Artística" (Dirección Artística), se pueden mostrar espantosos productos –como la inmensa mayoría de lo que se produce en la televisión argentina–, obscenos –y hasta perversos algunos–, sin que le haga mella a nadie. De los avisos se ocupa "Comercial" (Dirección Comercial) y en ese sector sí que corre la censura. Arbitraria, caprichosa, imprevisible, sin reglas claras y, por ende, despótica.

Así es como a cualquier hora, sin importar mucho el horario de protección al menor, se ha encumbrado la grosería, la carencia absoluta de escrúpulos, la verdadera obscenidad de programas que ríanse de "Autobiografía de una Pulga".

Por no hablar de la chabacanería y la obscenidad, adecuadamente mezclada con la mediocridad meridiana de los productores, que dan por resultado programas como "Resistiré", un bodrio inconcebible, elevado al rango de La Gran Serie Nacional por un rating despiadado, medido vaya a saber por quién –en realidad se sabe quiénes lo miden, lo que discuto es el que estén habilitados o no para hacerlo–, para beneficio de quién.

Y no quiero meter el dedo en la llaga de lo obsceno que resultaba ver a Moria Casán haciendo las veces de psicóloga pour la galerie, exponiendo y ventilando las intimidades de una serie de personas que sólo motivadas por una profunda ignorancia, se prestaban para aparecer en ese "formato".

Porque ahora a los programas se los llama "formato".

¡Me cacho!

Me sirve un poco de consuelo (o me produce más desconsuelo, no puedo precisarlo) el saber que esta actitud censora, fascista, prepotente y arbitraria no es privativa de la televisión argentina ni en la de los países periféricos. Parece ser que también en el tan mentado Primer Mundo, la censura hace lo que se le da la gana.

Y no escribo más, porque me había prometido escribir corto.

Besitos, besitos, besitos.

 
Publicado por Silvia a las 17:34

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