Quizás esta nota debería haber sido publicada antes de la excelente iniciativa de nuestra colaboradora, La Bacana, que Desde el Diván ha comenzado con una serie de necesarios, oportunos, elocuentes y divertidos consejos de cómo tener una mejor sexualidad a partir de las posturas clásicas del Kamasutra. ¡Felicitaciones por la iniciativa, querida!
Para entrar de lleno y sin ambages en el tema, he de decir que se han realizado estudios y encuestas acerca de la holgazanería que parece haberse instalado en esa tierra de nadie que es el espacio compartido del lecho conyugal. Las actitudes estudiadas mediante encuestas, reflejan una realidad que se me antoja terrorífica: la pareja reconoce haber perdido interés por el sexo.
¿Qué está ocurriendo? ¿Qué ha pasado con el deseo? ¿Ya no quedan ni las brasas de esa llama que nos inflamaba, transportándonos a delicias sensitivas y emocionales inolvidables para nuestra mente, indelebles para nuestra piel e inextinguible para nuestro corazón?
Si el deseo es el componente central en el comportamiento sexual, si no lo tenemos difícilmente se consiga la excitación. Y si no existe excitación, caemos en la abulia, la apatía y la pasividad. Nos volvemos holgazanes cuando tenemos que ser laboriosos; remolones cuando llega el momento de ser diligentes; pasivos cuando es tiempo de actividad. Opinión de hombre ?vale la aclaración?, y que la mujer haga su propia introspección para ver cuánto de responsabilidad le cabe.
El milenio ha llegado con sorpresas y este sexo anestesiado que se ha instalado en la pareja humana como un huésped no invitado, es una de las más desagradables y alarmantes. Pone en serio riesgo no sólo la relación de pareja sino la salud emocional, mental y física del ser humano y deteriora seriamente la comunicación.
Veamos: por mi parte ?a confesión de parte relevo de prueba, como dice el principio jurídico?, he tomado conciencia que cuando transcurren un par de días sin tener una noche de ésas, la vida se me pone gris, el humor de perros y me gana una suerte de letargo anímico que me trastoca el seso.
También he advertido que con el paso del tiempo el cuerpo se niega a responder a la exigencia de las proezas sexuales de épocas más jóvenes, aunque no es menos cierto que cuando el organismo cambia, los seres humanos tenemos a mano el recurso de la creatividad para dar y recibir caricias quizás no tanto en cantidad, pero sí con un considerable incremento de la calidad.
Que no está escrito que uno tenga que ser un atleta sexual todos los días. Pero tampoco está escrito que después de cierta edad, tengamos que integrar la gris masa de los jubilados del amor. Creo firmemente en que ?del mismo modo que si ?Natura no da, Salamanca no presta??, las hormonas no consiguen lo que la ternura no ofrenda.
Y... Princesa Bacana, querida... a ver cuándo nos deleitas con otra de tus lecciones.
Abrazos para todos y, por favor, no sean holgazanes... intervengan, comenten, manifiesten qué sienten, qué les pasa, qué piensan cuando pasan por este rinconcito nuestro de la WEB.