Gilles Lipovetsky denominó proceso del melting pot a ?...la desaparición progresiva de las grandes entidades e identidades sociales en provecho de la homogeneidad de los seres....? La mezcla de lo masculino y lo femenino, la pérdida de sus características diferenciadas de antes y la aceptación de todas las sexualidades ?la homosexualidad de masa empieza a no ser considerada como una perversión?, que dan forma a combinaciones inéditas donde el comportamiento de los jóvenes y de los no tanto tiende a ser común, al punto que en la última década ambos se han adaptado al culto a la juventud y a la ética hedonista, donde se legitiman todos los modos de vida y donde el derecho de ser absolutamente uno mismo lleva el apetito de personalidad hasta su término narcisista.
Dos décadas atrás, era un hecho que sólo existían dos géneros: el masculino y el femenino. Uno y otro servían en forma perfecta al modelo de una sociedad heterosexual. Pero la década de los 90, la era del consumo ?considerada como agente de personalización? parece haber venido a desocializar a los individuos al mismo tiempo que instala una nueva lógica de socialización, fundada en las necesidades y la información.
Este neonarcisismo se define por la desunificación, por el estallido de la personalidad y por una aceptación de la ley de la coexistencia pacífica de los contrarios.
En 1992 el manifiesto Trangender Liberation, de Leslie Feinber dio el puntapié inicial para los estudios transgenéricos, y para la formación de la comunidad transgenérica, que merced a las políticas implementadas por este manifiesto, poco a poco ha ganado más y más terreno en todo el mundo.
Los sociólogos, estadísticas en mano, son capaces de demostrar empíricamente la creación de una nueva realidad. Y es precisamente la socióloga Marina Talero, coordinadora de la Trans-Ser ?Red de Apoyo a Transgeneristas?, quien asegura que cada día se crean nuevas realidades a las que es necesario ponerle un nombre, denominarlas. En ese sentido, asegura: ?Si tenemos una palabra la usamos, si no, la tomamos de otra lengua extranjera siguiendo las reglas de la lingüística y como última instancia nos inventamos un concepto que describa ese proceso".
Y lo demuestran, porque un Transgenerista es la persona que ejerce el transgenerismo. En este campo se incluyen transformistas, travestis, transexuales, mujeres transgeneristas, hombres transgeneristas y personas andróginas. El Transgenerismo consiste en la posibilidad que tienen todas las personas de participar activamente en la construcción de identidad de género transformándola y transitando por ella. Un Transformista: hombre que se viste con prendas femeninas, se maquilla, por el deleite de la transformación y por tiempos cortos. En este grupo se incluyen las llamadas ?reinas de la noche? o ?reinonas? (Drag Queens en inglés). Ellas (¿ellos?) crean una representación femenina, pero se diferencian de la mujer típica por su maquillaje artístico y llamativo, pelucas largas y vestidos de fiesta, por lo general largos, vistosos, coloridos, y brillantes; tacos altos y uñas muy largas y cuidadosamente conservadas. Una Travesti es el hombre que se viste de mujer, se maquilla, moldea su cuerpo con hormonas e implantes hasta lograr forma femenina, y hasta cambia de nombre en su documento de identidad, asumiendo en todos los actos de su vida su rol travesti. Y un Transexual es la persona ?en la mayor parte de los casos hombres que se transforman en mujeres?, que en el proceso de identificación del rol de género se reasigna sexualmente, es decir, cambia de sexo mediante cirugía especializada que sólo se practica en pocos institutos especializados en todo el mundo.
¿Hay hombres transgeneristas? Sí, los hay. Es quien habiendo nacido mujer construye la identidad de género masculina y la expresa todo el tiempo aunque no es transexual. Del mismo modo hay mujeres transgeneristas, que son aquellas que habiendo nacido hombre construyen la identidad de género femenina y la expresan en la cotidianidad ?cuando la cultura se lo permite?, mientras culmina el proceso de invisibilización como mujer, quedando en claro que ni es travesti ni es transexual.
¿Y qué ocurre si no son hombre, ni mujer, ni estar enmarcado en ninguna de las otras categorías? Pues que también tiene su lugar bajo el sol. Son los Andróginos ?¿por qué se me aparece la imagen de Michael Jackson??, son aquellas/os que no se identifican ni como mujeres ni como hombres y juegan un rol de género indiferenciado.

?Cool en sus maneras de hacer y ser, permanentemente cuidadoso de su salud pero arriesgando su vida en las autopistas o en la montaña; formado e informado en un universo científico y sin embargo permeable, aunque sólo sea epidérmicamente, a todos los gadgets del sentido, al esoterismo, a la parapsicología, a los mediums y a los gurús; relajado respecto del saber y las ideologías, y simultáneamente perfeccionista en las actividades deportivas o de bricolage; el alérgico al esfuerzo, a las normas estrictas y coercitivas, pero imponiéndoselas él mismo en los regímenes para adelgazar, en determinadas prácticas deportivas, en el trekking, en las retiradas místico-religiosas; discreto ante la muerte, controlado en sus relaciones públicas pero gritando, vomitando, llorando, insultando con las nuevas terapias psi; flotante, «in», producido por los modelos internacionales de la moda y a la vez reinvirtiendo en las lenguas menores periféricas, el terruño, ciertas tradiciones religiosas o populares. Esa es la personalización narcisista: la fragmentación disparada del yo, la emergencia de un individuo que obedece a lógicas múltiples a la manera de las yuxtaposiciones compartimentadas de los artistas pop o de las combinaciones planas y aleatorias de Adami? (Lipovetsky, Gilles: La era del vacío. Ensayos sobre el individualismo contemporáneo, Editorial Anagrama, Barcelona, 4ª Ed., 1990).
En momentos que escribo esta nota, estoy documentándome sobre la vida cotidiana en Roma en la época del comienzo de la decadencia. Nada existe ?por inconcebible que pudiere resultar?, en esa sociedad descompuesta, indolente, improductiva, impúdica, escandalosa y brutal, que pueda compararse con el futuro que tenemos por delante.
Y no puedo evitar sentirme un inconsecuente moralista escribiendo desde esta página. ¿Hay algún lector que me lo puede explicar?