¿Me disculpan el desliz? Digo, ésta, hoy casi cursi confesión.
Apuesto, estoy segura, que podré compartirla por lo menos con un lector, con uno me alcanza.
Desperté hambrienta de magia y es una caricia escuchar la letra de esta canción.
Estarás agradecido, creeme, porque no te llegará cantada por mí –no es mi fuerte–, pero mirá, su letra es tan bella. Escucho en este instante:
Verte Dormida
Verte dormida, cerquita
mío
con la brisita de tu respiración
verte dormida, a medianoche
con la semblanza de estar durmiendo en paz.
Verte dormida, cerquita
tuyo
hay un encuentro a media cama
hacia las tres.
Verte dormida, de
madrugada,
semidesnuda y de frío hasta los pies.
*La fantasía te va mojando el
sueño
Se hacen olas en las sábanas
Voy dejándome llevar...
Verte dormida, estrellada como
noche,
voy ganándole al cansancio
y caigo en contemplación,
la
más hermosa del mundo se me arrima
y se despierta a mi derecha para mí.
Verte dormida y no atreverme a
despertarte
para no perder detalle voy bajando tu
perfil
la más hermosa del mundo se me
arrima
y esa magia es exclusiva para mí.
Verte dormida te hablo en
secreto
y te confieso más que amor,
mi devoción;
te veo dormida
y no te enteras
y yo susurro una canción mirándote
(* Bis)
Verte dormida y tanto cielo por volar...
Sigo escuchando esta melodía... ¿Pueden imaginar por un instante –absurdo, si así lo desean–, pero un instante nomás, las ganas que tengo de tirar por la ventana las grandes obras literarias –lo son, claro– que me miran sin mirar desde la biblioteca a cambio de conocer al autor de estos versos tan simples... Tan simples y tan hermosos como esta maravillosa tarde de sol?