En el antiguo Egipto era común el uso de pócimas o filtros de amor, para atraer a la persona amada. La ilustración muestra fragmentos de murales cuyos jeroglíficos representan conjuros para enamorados.
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Existe un papiro con fórmulas para filtros amorosos en el que se aconseja al enamorado: “Debes coger un rizo de cabello de la cabeza de un hombre que haya muerto de manera violenta; siete gramos de cebada plantada en la tumba de un hombre y un buen puñado de pepitas de manzana. Debes moler bien todo el conjunto hasta que quede reducido a polvo. A continuación debes añadir la sangre de un gusano, la de un perro negro y unas gotas de sangre de tu dedo anular y de la palma de tu mano izquierda. Finalmente debes agregar unas gotas de tu propio semen y luego mézclalo todo muy bien. El resultado de la mezcla debes verterlo en una copa y disolverlo en tres medidas de vino que haya sido obtenido en la primera pisada de la uva”.
Ahora, en nuestros tiempo, se diría que "le hicieron un trabajo..."