Los historiadores de la antigüedad opinaban que Cleopatra VII (hubo otras seis antes que ella), fue la reina de Egipto que más secretos de belleza reunió. Algunos sostenían que había llegado a escribir un tratado acerca del cuidado del cuerpo y el mantenimiento de la belleza para llevárselo con ella cuando muriese.
Las fórmulas que utilizaban las reinas para realzar y conservar su belleza eran imitadas por las nobles y, muy pocas veces, por las mujeres egipcias del pueblo.
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Según los historiadores Cleopatra, que parecía más griega que egipcia, comenzaba con su aseo y acicalamiento bien temprano en la mañana, asistida por sus esclavas, tomando un ligero baño de leche de burra mezclada con miel, y mientras descansaba dentro de la tina ?o donde fuera que tomase el baño?, se dejaba aplicar una mascarilla de albaricoque para disimular las arrugas de los ojos. Terminado el baño y el tiempo de la mascarilla, sus esclavas la maquillaban con verde en los párpados, azul en las venas de la frente y las manos y en tonos rojizos o naranjas en las mejillas. Usaba un carmín más subido en los labios y, como solía circular por ahí con los senos al aire ?debe haber sido esta visión la que deslumbró a Julio César y a Marco Antonio?, también realzaba con carmín el tono de sus pezones. A continuación, el delineador negro en los ojos y las pestañas postizas, daba el touch final a su producción de todos los días.
Cuando tenía eventos especiales, le llevaba más tiempo. Y ella se lo tomaba lo más campante porque, al fin y al cabo, era la reina de Egipto.