La última obra del padre del Neoclasicismo, sobre la que escribió: “Quiero superarme a mí mismo. La acabaré cuando cumpla 75 años y luego no cogeré nunca más un pincel”. Jacques-Louis David eligió para esta, su obra póstuma, una de las grandes alegorías de la mitología clásica: Venus seduce a Marte o, lo que es lo mismo, el amor vence a la guerra.
El artista utilizó al igual que hizo el Rococó, los temas mitológicos, pero cambió totalmente el tratamiento: abandonó el amaneramiento y las pinceladas sugeridas e instituyó una teatralidad de figuras y arquitecturas sólidas.
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Marte desarmado por Venus y las tres Gracias, Musées Royaux des Beaux-Arts, Bruselas
La Venus de este cuadro se considera uno de los más bellos desnudos femeninos de David, pero los detractores del pintor le achacaban el convencionalismo de la actitud de la diosa, plasmada como si fuera una estatua.
Las tres Gracias, en un espléndido escenario que sugiere una especie de Olimpo, Venus se encuentra acompañada por Cupido y por sus tres más fieles ayudantes (Hágale, Talía y Eufrosina), que representan diversas cualidades: alegría, jovialidad y buen gusto.