Entre los griegos, la pederastia ocupaba un lugar especial en la instrucción de los jóvenes, y se la consideraba una actividad informativa más, en la que el aspecto sexual no tenía le menor importancia.
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El amor ideal entre varones –no se concebía el amor entre un hombre y una mujer, ya que las mujeres tenían una mera función reproductiva–, debía ser entre un varón adulto y maduro, llamado el erasta, y un adolescente cuya edad podía estar entre los quince y los dieciocho años, al que se llamaba el erómeno.
Para aquellos que se rasguen las vestiduras, este tipo de amor viril –hoy le llamaríamos gay–, frecuente entre los gimnastas y los miembros del
ejército, se tenía por exclusivo de los pueblos civilizados, ya que se creía que
esta práctica alejaba a los hombres de cultura de la barbarie.
No por nada los griegos fueron los maestros de la persuasión... tenían explicación para todo. No sé, digo...