En el Antiguo Egipto la sexualidad revestía gran importancia, y el hecho de mantener la virginidad era apenas un detalle menor, casi insignificante. Quizás por ello la violación era castigada severamente: al violador, se lo castraba. Pero si el delito de violación incluía el homicidio de la víctima, la pena era mayor y se lo condenaba a la pena de muerte.
Una actitud tan liberal respecto de la sexualidad entre las egipcias hizo que las recetas para la prevención del embarazo fueran bastante comunes. Uno de los preparados más comunes consistía en aplicar una mezcla de apio y cerveza en los genitales femeninos antes del coito, aunque el más eficaz era introducir en la vagina una suerte de tampón empapado en una mezcla de miel, dátiles, espinas de acacia trituradas y polvo de coloquinto, planta utilizada usualmente como purgante.
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También solían encomendarse a Bes, deidad benéfica de la lujuria, protector de las mujeres embarazadas y patrono de la familia. Aunque este dios no tuvo templos conocidos, existen numerosas imágenes, y en la mayoría de ellas se lo representa como un enano barbudo, burlón y con melena leonina o corona de plumas.