A propósito de fantasías sexuales de la adolescencia, conversando con un caballero acerca del tema, la charla derivó hacia el tema de las películas para adultos. Y como estábamos en ánimo de confidencia, le pregunté qué efecto le producían.
–La verdad, tiene que ser muy buena la película para producirme efecto –me contestó.
–Vamos, no me mientas –le dije, entre el escepticismo y la incredulidad.
–No, no, es cierto. No niego que las haya visto. Y ahora, en Internet... bueno, sabés lo que pienso acerca de esa invasión de imágenes porno. Insisto: tiene que ser muy buena y no necesariamente tiene que ser pornográfica.
–¿Cómo es eso? –pregunté.
–Que para mí es mejor una película erótica, o un policial, con un componente de erotismo que una de esas donde están dale-que-te-dale todo el tiempo, como maquinitas.
–¿Una que te acuerdes? –quise saber.
–Malicia –contestó, sin vacilar.
–¿Malicia? ¿Cuándo salió? ¿Quién trabaja?
–Trabaja Laura Antonelli y la vi cuando tenía como veintitantos. En el cine.
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–¿Y?
–Mejor no te cuento.
–¿Por qué? Vamos, contame –insistí.
–Vela por vos misma, y entonces vas a comprender.
Así, movida por el bichito de la curiosidad, fue como empecé a recorrer negocios de alquiler de videos hasta que la encontré. Es lo que ahora se llaman películas clásicas y se estrenó en los cines en 1973 en Italia.
Dirigida por Salvatore Samperi, Malizia, cuenta la historia de una mujer que muere dejando un marido y tres hijos, aunque su espíritu no está muy de acuerdo con la idea de abandonar este mundo. Poco después del responso y el entierro –durante el cual el director nos da un adelanto del tenor erótico del film, con lo que sucede entre el hijo mayor de la extinta y una opulenta señora de la vecindad–, se presenta en la casa de la difunta una bellísima mujer que solicita un empleo, a manera de gobernanta, para atender al viudo y a los tres hijos. Cuando la acción, en un in crescendo admirable llegó al momento de un almuerzo el padre, los tres hijos y la gobernanta y lo que pasa debajo de la mesa, comprendí cuál era la razón por la cual habían quedado tan vívidas las imágenes en el recuerdo del caballero. Durante los casi cien minutos que dura la película, los papeles principales están a cargo de Laura Antonelli, Alessandro Momo, Turi Ferro y Tina Aumont. Es una verdadera pieza maestra del cine italiano. La recomiendo para aquellos que, de vez en cuando, se permiten jugar con las fantasías. Por cierto, entendí porqué el caballero en cuestión tenía ciertos gustos en materia de mujeres.
Besos.