Una vez que Popea Sabina consiguió ser la esposa del emperador, comenzó a burlarse del temor que Nerón le tenía a su madre, Agripina, pese a haberla confinado a una villa. Cuando logró convencerlo que su suegra conspiraba en una conjura contra él, Nerón intentó suprimirla porque efectivamente, no se atrevía a matarla.
El primer intento consistió en tratar de envenenarla, pero Agripina sabía con qué bueyes araba por lo que se salvó ingiriendo un medicamento que transformó los efectos del veneno en un simple cólico. En el segundo intento, el nene hizo todo lo posible para que se ahogase en las aguas de un río, pero Agripina nadó hasta alcanzar la orilla.
Exasperado, su dulce retoño le ordenó a un grupo de soldados que la apuñalaran. Cuando vio llegar a los soldados, dijo simplemente: “Heridme aquí”, señalando el regazo de donde Nerón había nacido. Nos preguntamos cuáles debieron ser los sentimientos y los pensamientos de aquella mujer al verse acosada por los sicarios de un hijo al que había sacrificado toda su vida, llegando a matar a su esposo.
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Cuando le llevaron el cuerpo de su madre muerta, Nerón sólo dijo: “¡Caray! Nunca me había dado cuenta que tenía una mamá tan hermosa”. Y tal vez la única cosa que lamentó fue no haberla tomado cuando ella se le ofreció. Hay quienes opinan que entre ellos existieron relaciones incestuosas. Claro que al lado del emperador, nadie estaba seguro. Popea Sabina no la pasó mejor, puesto que murió en un aborto, presumiblemente por una patada que Nerón le dio en el vientre cuando estaba embarazada.