Al cumplir los treinta años, el guerrero espartano podía casarse, pero no tenía derecho a dormir con su esposa en su propia casa. No es necesario un gran esfuerzo de imaginación para concluir que no les quedaba otra que dormir en el campamento, con los soldados más jóvenes hasta que llegaba el momento de la baja. Lo que no horrorizaba a nadie porque la pederastia en el ejército era considerada como la mejor muestra de compañerismo entre camaradas, ya que transmitía valor y coraje y forjaba lazos de lealtad tan fuertes que llevaba a los compañeros a defenderse hasta la muerte si era necesario. La decoración con la escena erótica de esta ánfora roja no deja lugar a dudas de qué se trataba.
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Este amor a la griega fue causal de serios problemas, al punto de cometerse crímenes pasionales, puesto que los celos y el orgullo viril provocaban disputas enconadas entre los amantes que, además de hacer la guerra y el amor juntos, también aprendían a bailar, a tocar instrumentos –¿la flauta?– y a cantar... y no sabemos si eran marchas militares, precisamente.