Esta postura, La Libélula, es parecida a Somnolienta. Parecido no es lo mismo.
También, en este caso, tu pareja y tú debéis tenderos de costado en un lugar cómodo y flexible. La cama es lo más apropiado, por cierto. ¿No queréis hacerlo en la cama? Pues en el sofá de la sala, pero cuidando que no haya sorpresas como visitas inesperadas o críos que se fueron a la disco y regresan sin previo aviso porque estaban a-bu-rri-dos y no había marcha suficiente.
Aquí, otra vez querida, deberás esmerarte y hacer gala de destreza para pasar la pierna que queda del lado exterior, flexionándola apropiadamente, abriendo tu cofrecito de placeres de tal manera que tu hombre te pueda penetrar haciendo palanca con tu pierna. Esa pierna que deberás apoyar en su cadera.

De este modo, será tu pierna la que lo impulse hacia delante. Su cuerpo obedecerá mansamente –puede haber sorpresas algo más sauvage– cada vez que hagas palanca.
Si mientras estáis en eso de hacer palanca, él te susurra ternezas en el oído, dale gracias a la vida por tener un romántico irredimible a tu lado. De hecho, es lo más recomendable. Es como la hoja de menta en un plato gourmet de porcelana de Dresde, el verde contrastando con el rojo oscuro, acompañando esas fresas flambeadas al cognac. Esos susurros son el condimento perfecto, el touch del regocijo del placer.
Naturalmente que, sólo de observar la imagen, advertirás que la penetración no será profunda. No todo se puede en la vida, mi cielo. Pero... ¿qué tal si os acompañáis con unas caricias?
Imagina que él te toma la mano y la lleva directamente donde tu clítoris parece a punto de estallar y así, con los dedos entrelazados de ambas manos, mientras sigue susurrándote esas palabras que te estremecen, te lleva de la mano hacia el placer, hasta que el orgasmo te sorprende.
No debes preguntarme cómo lo sé. Sólo, te sugiero que lo pruebes.
Por cierto, respondiendo a un pedido se Simón, os ruego lo disculpéis por interrumpir, sólo por esta semana, sus deliciosos post de la historia del erotismo o del erotismo en la historia. Es que el pobre tío está de mudanza de casa y lo trae de cabeza empaquetar los dos millares de libros de su biblioteca, su colección de CD musicales y los cientos de cintas de vídeo que colecciona con la meticulosidad que sólo un obsesivo puede poner en ello.
No te preocupes, cariño, que aquí Monse se las apaña con el Kamasutra y, buscándole el mejor ángulo, por la noche... Bueno, ya sabéis.
Besos a tod@s l@s lectores.