Un par de semanas atrás me cité con dos amigas de aquí para compartir la cena y conversar tranquilas. Ya sabéis cómo somos las mujeres. De esto y de aquello, todas hablando al mismo tiempo y entendiéndonos perfectamente (hecho que no deja de maravillar a mi señor marido, que no atina a comprender cuál es el truco. ¡Que no hay truco, querido!).
Habíamos terminado con los entrantes y disfrutábamos de un excelente Chardonnay cuando una de mis amigas puso el tema sobre la mesa. Una conocida suya, arquitecta, ya pasados los cincuenta y su esposo, misma profesión, tres hijas, buena posición económica, hermosa casa y en lo que aparenta, todos lo más felices. Pero la procesión va por dentro... de la habitación.
–Nunca tuvo un orgasmo –nos espetó mi amiga–. La vieras tú, Monse. No tiene ni idea qué se siente. No sabe de qué va un orgasmo. ¿Qué me dices?
–No creo –acotó mi otra amiga, agitando su mano como espantando un mal pensamiento.
–Pues yo sí me lo creo –intervine–. Justamente estoy preparando una serie de notas acerca del orgasmo. No tenéis idea cuántas mujeres nunca experimentaron uno.
–Pero... ¿ni uno? –se mantenía en sus trece, mi amiga la incrédula.
–Bueno, sí, es posible. Ocurre que hay más mujeres de la que os imagináis que tienen dificultades para llegar a un orgasmo. Y entre las que tenemos la suerte de disfrutarlo, hay las que sólo lo logran a veces.
Hace un par de semanas nos citamos con dos amigas de aquí para compartir la cena y conversar tranquilas. Ya sabéis cómo somos las mujeres. De esto y de aquello, todas hablando al mismo tiempo y entendiéndonos perfectamente (hecho que no deja de maravillar a mi señor marido, que no atina a comprender cuál es el truco. ¡Que no hay truco, querido).
Habíamos terminado con los entrantes y disfrutábamos de un excelente Chardonnay cuando una de mis amigas puso el tema sobre la mesa. Una conocida, arquitecta ella, ya pasados los cincuenta y su esposo, misma profesión, tres hijas, buena posición económica, hermosa casa y en lo que aparenta, todos lo más felices. Pero la procesión va por dentro... de la habitación.
–Nunca tuvo un orgasmo –nos espetó mi amiga–. La vieras tú, Monse. No tiene ni idea qué se siente. No sabe de qué va un orgasmo. ¿Qué me dices?
–No creo –acotó mi otra amiga, agitando su mano como espantando la idea.
–Pues yo sí me lo creo –intervine–. Justamente estoy preparando una serie de notas acerca del orgasmo. No tenéis idea cuántas mujeres nunca experimentaron uno.
–Pero... ¿ni uno? –se mantenía en sus trece, incrédula.
–Bueno, sí, es posible. Ocurre que hay más mujeres de la que os imagináis que tienen dificultades para llegar a un orgasmo. Y entre las que tenemos la suerte de disfrutarlo, hay las que sólo lo logran a veces.
–¿Y el marido? ¿Qué dice el marido?
–Nada dice. Imagínate, ya ha dado por terminada su vida sexual.
–Pero... ¿no hay nada? Una crema, algo... un tratamiento –preguntó, ya sin tanto escepticismo la que no podía creerlo.
Y para no daros más la lata con la historia, y antes que se acercara el mozo con el plato principal decidí intervenir.
–Hay una posición en el Kamasutra –dije–. Se la conoce como El Tornillo.
Cruzaron una mirada cómplice, los ojos brillantes y esa expresión de picardía que sólo pillamos las mujeres cuando estamos en eso de secretear.
Se los expliqué con todo lujo de detalles.
Porque El Tornillo es la posición más recomendable para toda aquella mujer que tenga dificultad para llegar al orgasmo, porque es una de las que tiene doble efecto, por llamarle de algún modo. Y es que mientras disfrutáis de la penetración, el miembro de vuestra pareja y vuestros propios labios vaginales presionan el clítoris, estimulándolo a más y mejor.

Hay que tenderse en el borde de la cama, las piernas flexionadas a un costado del cuerpo. ¿Cuál costado? Eso depende de cada mujer. Todas sabemos cuál de los lados nos resulta más conveniente y placentero.
Con esta postura el clítoris os queda atrapado por los labios vaginales, convenientemente lubricados, que se convierten en los mejores socios para que consigáis llegar a un orgasmo, puesto que podréis contraer y relajar toda la zona, mientras disfrutáis de la penetración de vuestro hombre quien, arrodillado, podrá penetrar y jugar con vuestros senos, acariciar la parte externa de los muslos o simplemente recorrer con sus dedos todo lo que le queda a mano mientras os derrite con esa mirada tan intensa que tan bien le conocéis..
Y si él es un hombre hábil, hasta podrá deslizar su miembro ligeramente hacia abajo, buscando otras profundidades de vuestro cuerpo, siempre que no os pongáis tensas.
Sencillamente delicioso, aunque es imprescindible la luz tenue que les permita verse a los ojos.
Os diría que con El Tornillo, el orgasmo es casi una garantía.
En la próxima, os contaré de una amiga mía cuyo placer va más por llevar las riendas de la relación sexual, mientras su hombre la deja hacer.
Cuando terminamos de cenar, estoy segura que mis dos amigas ya habían decidido que esa misma noche, lo probarían. Yo las conozco, y lo leí en sus ojos, como si les adivinara el pensamiento.
Besos, niñat@s.