El secreto ?según mi amiga?, para que el hombre no se fastidie por dejar que la mujer tome la iniciativa y el mando a la hora del amor, es hacer como en cierta música clásica, que presenta variaciones para un mismo tema o como en materia de cocina: unos espaguetis no son más que unos espaguetis y de eso no queda duda. Pero no es lo mismo servirlos así, tal cual como salen de la olla, que acompañarlos con una apetitosa salsa de frutos de mar. ¿Os dais cuenta?
El secreto es la creatividad y la sensualidad con que se lleva a cabo el juego. Creatividad y sensualidad, en este caso, serían al sexo en la pareja lo que la salsa de frutos de mar a los espaguetis.
Pero vayamos directamente al punto. En esta variante, el hombre deberá estar tendido boca arriba, como ya se explicara, mientras la mujer ?después de darse el gusto inicial de besarlo y acariciarlo cómo y cuanto le plazca?, se sentará a horcajadas sobre él, pero extendiendo el cuerpo hacia atrás, apoyando los brazos en los de él y estirando sus piernas hacia delante.

Si os fijáis bien en la imagen, veréis estimadas lectoras, que de esta forma él podrá llegar fácilmente con sus manos a vuestros pechos, mientras vosotras podréis apoyar vuestros glúteos en el vientre de él.
¿Para qué?
Para realizar unos suaves movimientos circulares, ondulantes, lascivos.
Pero no debéis dejar que el miembro de él penetre tanto en vosotras... Es como decirle: ?Oye, guapo, que no te pasas de aquí, ¿eh??, mientras continuáis excitándole.
Eso puede ser sumamente apasionante y no solamente para vosotras. Imaginad lo que pasa por la cabeza de vuestro hombre mientras estáis allí, abiertas y receptivas, oscilando vuestras caderas y frotándole el glande con cada movimiento, pero sin dejarle entrar del todo... ¿Qué os imagináis que estará sintiendo él?
En el acto del amor, el grado de excitación que lograréis no depende exclusivamente del sentido de la vista, del gusto y del tacto, queridas mías. Una gran parte ?creo que la mayor parte?, está en las sensaciones que produce el libre juego de la imaginación.
Así que las que de vosotras estéis molestas porque las noches empiezan a parecerse más a un trámite que a la maravilla de entregarse al hombre amado, pensadlo dos veces por lo menos.
Quizás sea conveniente que de una vez por todas toméis al toro por las astas y a él por donde resultare más excitante para ambos.
Si hay alguna valiente que se anime a contarlo después de llevarlo a la práctica, aquí estamos para prestar atención a los resultados de nuestras sugerencias.
Besos recreativos.