Colección Voyeur

Jueves 23 de Diciembre de 2004
Ataques de Pánico

Nacido de la unión de Hermes y de la ninfa Oríope, Pan era una divinidad de los pastores y los rebaños, a la vez que un símbolo de la fertilidad todo lo que tuviese que ver con la naturaleza.
Mitad hombre, mitad macho cabrío, Pan usaba barba, lucía cuernos y se ornamentaba la testa con una corona de agujas de pino, porque debía parecerle elegante.
Dedicaba su tiempo a jugar todo el día en los bosques tocando un instrumento conocido como caramillo –de ahí que luego se lo llamara Flauta de Pan–, y tenía una peculiaridad realmente sorprendente: estaba dotado de una gran potencia sexual.
De tal modo que este bribonzuelo, además de jugar en los bosques, se daba una vueltita por los valles y por los montes, donde acechaba a las ninfas con las peores intenciones, y usualmente lograba poseerlas. No es difícil imaginar que su particular potencia en las artes amatorias le debía dar una gran resistencia y, especialmente una considerable persistencia.
Las Ninfas, encantadas ellas. Nunca he leído ningún testimonio de Ninfa alguna que se manifestara descontenta, por cierto. Así que debo suponer que estarían la mar de felices.

Pan con ninfas y músico, mosaico

El problema se suscitaba cuando Pan ya no se contentaba con esas juguetonas que se hacían las desprevenidas y se iban directamente a los valles y a los montes, precisamente porque les decían que allí las esperaba él. La controversia se establecía porque, siempre dispuesto, Pan también atacaba a los muchachos o a las muchachas, sin hacer diferencias.
Seguramente las niñas adoptarían esa actitud propia de mujer sorprendida, abrir mucho los ojos, fruncir la boca en forma de corazón,  y exhalar un leve “¡Oh!” remedando la estupefacción, para después dejar que ocurra lo que, inevitablemente, debía suceder.
Pero como los efebos parecían más reacios a que el macho cabrío los sorprendiese, éste los galvanizaba, imposibilitados de moverse, asustándolos por los gritos que daba a voz en cuello.
Veamos... háganse la idea de un muchacho volviendo a su hogar, maltrecho, luego de haber tenido que aguantar los reiterados asaltos de Pan, tambaleante y aún ebrio de placeres, teniendo que dar explicaciones sobre qué era lo que le había ocurrido.
Entonces era cuando, para evitar la reprimenda, afirmaban haber sentido el “terror pánico” esto es, haber percibido el miedo a Pan, que los había obligado a hacer aquello que, de seguro, eran incapaces de reconocer en público, pero anhelaban volver a repetir en privado.
Así que, lectoras y lectores, ya saben: cuando alguien de vuestro conocimiento asegure haber padecido un ataque de pánico... mírenlo a los ojos y sabrán, sin lugar a dudas, en qué anduvo el/la muy picaruelo/la. ¿A que sí?
Hasta la próxima.

 
Publicado por Simon a las 05:02

Respuestas
04 Mayo 2005 - 17:38
Enviar un emailMaria Chaves
Simon, lo que te puedo decir es que sos un pervertido, hijo de puta y marica, espero que te de alguna vez un mega ataque de panico, para que sientas la muerte a la par y te dejes de mariconadas.
04 Mayo 2005 - 21:00
Enviar un emailSimon Paterson
Señorita Chaves: Por regla de nuestro site, borramos sin más trámite mensajes como el suyo. Pero he pedido específicamente que no sea eliminado para que aquellos que lo lean sepan distinguir entre un comentario sin mala intención a partir de una nota histórica, y la franca grosería. Yo no sabía de su existencia hasta el momento, por lo que no puedo imaginarme cuál es su situación pero, a simple vista, me parece bastante enferma. Lo único que le puedo responder es que el comentario que a usted la puede haber sulfurado (el de las últimas líneas) no se trata de una burla o mofa "contra" las personas que han padecido o padecen ataques de pánico. Tómelo o déjelo. Si usted no puede comprender eso, ya queda en claro cuáles pueden ser las razones que le provocan esa sintomatología. Simón Paterson.

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