
Cuando me pidieron que escribiera este post, sentí que no era yo la persona indicada. Pensé que era más justo que fuera Monserrat o Simón , porque ellos se ganaron el derecho de esta salutación mucho más que yo misma, que estuve algo ausente, y no por holgazanería (en cualquier momento me aparezco en la redacción con notas para todo el año que se avecina, y asunto terminado... pero no se lo cuenten a nadie). Y así lo manifesté.
–Precisamente porque hace mucho que no escribís, Silvia –fue la categórica respuesta de El Gran Cabronazo.
Así que heme aquí, queridos lectores, pidiéndoles que hoy dejemos el erotismo –tal como lo presentamos todos los días– a un costado. Sólo por hoy.... El lunes, continuaremos nuestra labor.
Hoy quiero transmitirles mi deseo y el de todos los que hacemos la editorial, de que pasen ustedes una digna, tierna y apacible Nochebuena en compañía de sus seres queridos, sean éstos los que fueren.
Y que mañana, cuando salga el sol y ya sea la Navidad, tengan un día muy pero muy feliz.
No sé qué le han pedido ustedes a Santa Claus. Ese Papá Noel de nuestra infancia, el viejito de la barba blanca, el del traje colorado, los renos, los juguetes para los niños y las publicidades en televisión.
Yo, por mi parte, le he pedido Paz en el mundo.
Y también he pedido otras cosas:
Consuelo para los que sufren por cualquier razón.
Sosiego para las almas acongojadas.
Solución para los problemas de este mundo que, de una u otra manera la tienen, y sólo nos damos cuenta cuando ya han pasado... pero en el mientras tanto, nos atormentan.
Compañía para los que están en soledad.
Unión para los que están separados y más unión para los que tienen la dicha de estar juntos.
Encuentro para los que se están buscando.
Amor para quienes han aprendido que la cotidianeidad es la asesina de los sueños... sólo si uno la deja.
Sabiduría para enfrentar las tribulaciones de la vida.
Juguetes para las ilusiones de los niños.
Abrazos para quienes no saben o no pueden tocarse.
Esperanza para los que se creen al borde del abismo.
Besos para quienes los anhelan y los necesitan, como necesita el agua el sediento que acaba de cruzar el desierto.
Caricias que hagan añicos las armaduras de
quienes viven acorazados, aunque no se den cuenta o crean que vivir así, les hace bien.
Cuidados para los que viven en el desamparo.
Vida para los que se sienten morir.
Y que en estos tiempos del impero de Thanatos, EROS pueda quitarse el traje negro de luto y vestir sus mejores galas.
Por eso los convoco a todos ustedes, nuestros lectores, que podrán comprenderlo porque son adultos.
Para que después de la comida y el bullicio y el estruendo de los cohetes; cuando los parientes, amigos y vecinos ya se han marchado. En ese momento que la casa se queda a oscuras y sólo se escuchan los ecos de los últimos petardos y se apaga el brillo de los fuegos de artificio y sólo titilan las luces del arbolito que han armado con tanta ilusión.
Entonces, cuando se queden solos –tú y tu pareja–, en ese momento tan mágico de la Nochebuena, ustedes amigos nuestros de todos los días... convoquen al amor.
Llévense una copa de champaña (o lo que fuere que acostumbran beberen las Grandes Ocasiones) a la cama.
Y cuando estén allí, en ese lugar tan especial donde sólo debe entrar lo mejor de nuestra humanidad; ahí, en esa cama que tantos y tan tiernos recuerdos cobija y donde tantas veces han dormido y se han amado, en la penumbra, en el silencio y el uno frente al otro hagan un brindis. Y luego... luego dejen las copas en la mesa de luz y convoquen al amor.
¿Que cómo se convoca el amor? Pues haciéndolo...
¿Qué mejor manera de honrar la vida?
Para que la llamita de esta vela que dejamos encendida ahora aquí, siga prendida por mucho tiempo más,
El Director General, El Gran Cabronazo, Monserrat,
Simón, Jimmy, La Bacana –que ya no está entre nosotros pero la sentimos igual y por es la incluímos– y nuestra secretaria, es decir, todos los que hacemos esta página y yo, hombres y mujeres que nos leen, les deseamos a todos una Nochebuena en Paz y una muy, muy ¡Feliz Navidad!
Silvia Bonasi