... fue el que tuvimos en este Año del Mono que acaba de pasar. Los chinos tienen desde hace por lo menos tres mil años un viejo proverbio que es, además, una maldición, una admonición de mal agüero y una advertencia por si las moscas, que se puede traducir así: “Que vivas tiempos interesantes”.
Piénselo usted, estimado lector. Deténgase y cavile acerca del sentido de las palabras y trate de imaginar, aunque sea por un instante y aunque no tenga conocimientos profundos de la historia de China qué significa realmente vivir tiempos interesantes. Si siente un frío que le corre por la espalda no se asuste, a todos nos pasa.
Por otro lado, seguramente alguna vez usted señora o quizás usted, señor, fueron al zoológico. Cuando eran pequeños, de la mano de sus padres o ahora, de grandes, llevando a sus hijos. Y es probable que los pequeños se hayan detenido en la jaula de los monos y se hayan reído hasta desternillarse con las monerías. ¿Recuerda cómo se comporta un mono? Juguetón hasta la brusquedad, espontáneo, imprevisible, caprichoso hasta la crueldad, zalamero aunque peque de empalagoso, imprevisto hasta el límite de lo sorprendente. El mono fascina, embruja, cautiva, asombra, nos coge de sorpresa con sus volteretas y cabriolas y nos deja alelados, sin saber cómo es que llegó a lo alto de la rama, si un instante antes estaba allí, asomado entre los barrotes, extendiendo la mano para recibir la banana que le ofrecíamos. ¿Ahora ya lo recuerda más, verdad?
¿Va comprendiendo de qué va la cosa? ¡Estupendo!
Ahora que tiene bien presente la imagen del mono y conoce el significado del proverbio, le pido que recuerde este año. Sea su signo el animal que fuere –en el horóscopo chino, claro está–, seguramente se habrá tenido que hamacar como pocas veces en su vida. Porque este año que está por terminar... fue un Año del Mono.
En rigor, el año nuevo en Oriente comienza recién el 28 de enero, pero vivimos en Occidente y para nosotros el año, termina hoy. En esta Nochevieja que, cuando den las doce campanadas, dará paso a un nuevo día, a un nuevo mes, un nuevo año. Uno más.
A mí, personalmente, el Año del Mono me dejó –como dice la canción de Serrat–, “... chupando un palo sentado, sobre una calabaza”, sin comprender muy bien de qué fue la vida durante estos doce meses, atribulado por los dolores, consternado por mis yerros; satisfecho por los logros, contento por las alegrías... y con una sensación de vértigo de la que todavía no me puedo desprender.
Sólo me han quedado un par de certidumbres: la primera es que no sólo me ha pillado el mono, sino que también alguien dejó caer sobre mí la milenaria admonición de mal agüero. Como si en vez de un mono me hubiera atrapado el zorro de los cuentos fantásticos chinos, ése que visita a los mortales cuando han bebido demasiado vino.
La segunda, es que he atravesado una crisis.
También es cierto que en los años “interesantes”, las personas de mente curiosa, corazón generoso y alma limpia, al caminar las crisis tienen una oportunidad para aprender y crecer.
Me hago cargo y me pongo el sayo.
Aquí, todos los que hacemos esta editorial, esta visita diaria a su hogar –que hacemos porque usted nos recibe–, quien más quien menos, las ha pasado...
Pero también es cierto que durante este año hemos aparecido con una nueva apuesta a la creatividad, a la galanura, al buen gusto y al erotismo, esa inapreciable herramienta que el amor usa siempre que puede para salpimentar la existencia de los humanos para que la vida no se opaque.
En el Año del Mono hemos aprendido a hacer las cosas de otra manera y hemos crecido. ¡Vaya si hemos crecido!
Por eso es que hoy estoy escribiendo esta suerte de balance de nuestro periplo durante el año que pasó.
Y como es usted, querido lector quien ha permitido que sigamos aquí, visitándolo a diario, invitándonos a entrar en la intimidad de su hogar y alentándonos día tras día con sus comentarios, es que hoy quiero invitarlo yo al Baile del Año, personalmente y en nombre de todos los que hacemos este sitio: los directores, el Cabronazo (como lo llama La Bacana), Monserrat, Silvia, La Bacana (que se nos unirá en espíritu) Jimmy y nuestra secretaria.

Venga, pase... los hombres nos hemos vestido de etiqueta y las damas de largo para recibirlo. Hoy, usted es nuestro invitado para cuando haya terminado con parientes, amigos y vecinos.
Aquí tiene una copa de champaña (o cava, o como se llame en el lugar del planeta donde sea su hogar). Levántela con nosotros cuando empiecen a dar las doce campanadas y brinde por el año que se va y para que el que viene llegue pletórico de Prosperidad, Paz y Felicidad.
Es nuestro deseo de corazón: ¡Feliz Año Nuevo!
Simon Paterson