Es una experiencia que no olvidaréis, os lo aseguro.
Por si no lo sabéis, el Búfalo ?en el zodíaco chino?, fue uno de los primeros en habitar el palacio de Buda en el cielo. Un año en que la tierra no auguraba una buena cosecha, el Búfalo se ofreció voluntario para sembrar las semillas para evitar la hambruna.
Lo hizo en tres etapas y, loco de contento con su idea, desparramó las semillas sin prestar la debida atención. Por eso, cuando llegó la época de la cosecha, había pasto por doquiera, pero no había crecido el grano.
El Búfalo debió admitir su desaprensión, pero se le ordenó que se comiera todo el pasto, en primer lugar y que luego ayudara a los granjeros nuevamente en su trabajo. Esto es, tuvo que hacer otra vez lo mismo y de la misma manera tenaz, dedicada y responsable pero de todos modos se lo expulsó del cielo, condenado a hacer dos veces todo. No obstante, cuando Buda pidió que se postularan los candidatos para formar el zodíaco, los granjeros le rogaron a la deidad que el Búfalo fuera uno de ellos pese a lo ocurrido.
En el amor, es igual.

No se conformará con que tengas un orgasmo, querrá que tengas y le muestres dos, o media docena. Porque es una extraña mezcla de considerado a ultranza con su amante y empecinado. Lanzado a los juegos amorosos, se transforma en un verdadero artífice del sexo y hasta en los momentos más íntimos, seguirá siendo franco antes que cualquier otra cosa.
Por eso, no se os ocurra criticarle la manera que tiene arrojarse encima de ti, porque puede ofenderse. Las críticas no le caen bien, por decirlo de algún modo. Y es que el buey no tiene medias tintas para eso. Es blanco o es negro. No puede amar por la mitad y por lo general despierta ese tipo de pasiones incontrolables y descontroladas, en las que os veréis envueltos, a veces sin saber cómo llegasteis allí. Y no hay que olvidar que el fuego de la pasión, si uno no es cauteloso, puede producir quemaduras graves.
Desde que empiezan los juegos previos al amor propiamente dicho, el Búfalo se transformará en una incontrolable fuerza de la naturaleza, y su amante se sentirá en el medio de una tempestad. Porque el Búfalo es impulso primitivo y pasión desatada, pese a ese corazón que parece blindado pero que, cuando se abre, es capaz de la generosidad más absoluta.
Si tenéis una actitud light en el sexo, debéis absteneros. Jamás os arriméis a un Búfalo, no es recomendable. Porque allí, en la cama, también querrá llevar la batuta y si a vosotros os gusta tal o cual cosa y él se entera, os dará de tal o cual cosa hasta que os parezca que el cerebro se os derrite como manteca en el cráneo.
Cuando el Búfalo llega al orgasmo, os parecerá que estáis en el vórtice de un huracán porque gritará, se retorcerá, morderá las sábanas ?o a su amante?, y toda esa potencia, en forma de magnetismo animal, os la contagiará, de eso no tengáis duda alguna.
Y no os imaginéis que no sabe de ternezas, porque cuando un Búfalo goza, es capaz de acariciar como si sus dedos fueran plumas tan sutiles que os hará correr un escalofrío desde la cabeza hasta los pies. Y no contento con eso, volverá a la carga hasta que ya, en el límite del agotamiento, cuando os tiemblen las piernas y el corazón amenace con salirse por la boca, pidáis ¡Basta, por favor!
Como él espera que le hagan el amor tal y como él lo entiende y lo hace, si no os sentís capacitados para las emociones fuertes, decid que no, porque si se queda esperando en vano, conoceréis cuál es la verdadera cara del odio. Que no es más que el otro lado de la cara del amor, vamos.
Pero si os atraen las experiencias cumbre, amad y dejaos que os ame como él sabe, a su manera, mezcla de delicadeza extrema y sacudida de corriente eléctrica.
¿Sabéis por qué? Pues porque el Búfalo no entiende el sexo sin sentimientos, y como consecuencia sabe ?y es capaz de proclamarlo a los cuatro vientos?, que entre las sábanas, en una cálida noche de verano, con el aroma de los jazmines y la luna como un dólar de plata brillando en el cielo sin nubes, él es único, irrepetible e irreemplazable.
Y
creedme, queridos lectores, que lo es en verdad.