Entre los múltiples caprichos de Calígula, que no se contentaba con cometer incesto con sus dos hermanas, el deseo por Próculo, un hermoso y moreno gladiador, famoso en toda Roma por el tamaño de su pene y sus testículos, se tornó obsesión. El emperador no sólo deseaba al bello gladiador, sino que además, lo envidiaba. Despertar la envidia de alguien con las características del hijo loco de Germánico, no podía sino traer consecuencias y de las graves.
De tal manera que cuando Próculo contrajo matrimonio, Calígula y su esposa Cesonia se invitaron solos a la fiesta de esponsales y una vez allí, el emperador decidió ejercer su derecho de desflorar a la joven y hermosa recién casada, delante de su esposo. Y así lo hizo sin que nadie pudiera abrir la boca.

Escena de la violación de la novia en los esponsales de Próculo
en el filme Calígula, de Bob Guccione y Tinto Brass
Pero no contento con eso, obligó a la muchacha a observar cómo sodomizaba a Próculo sobre una mesa de la cocina, mientras afuera los invitados esperaban.
Y tiempo después, loco de remate y poseído por el frenesí de la envidia, mandó ejecutar al apuesto gladiador, y ordenó que se conservaran sus genitales como talismán.