Colección Voyeur

Miércoles 12 de Enero de 2005
La iniciación de Lucrecia I

El Papa observó desnudarse a sus hijos. Lucrecia no pudo contener una risita al ver a su hermano desnudo. César la miró con afecto y sonrió. Alejandro pensó que resultaba extraño y, en cierto modo, conmovedor, que tan sólo hubiese visto una expresión de ternura en el rostro de su hijo cuando éste contemplaba el cuerpo desnudo de Lucrecia. César siempre era el agresor, excepto cuando estaba con ella, quien siempre parecía capaz de someter la voluntad de su hermano.
Lucrecia era un tesoro, y no sólo por su belleza, aunque no existía seda más fina que los bucles dorados que enmarcaban su rostro. Sus ojos desprendían un brillo que parecía guardar un secreto y, ahora, su padre se preguntaba qué sería lo que los hacía brillar así. Su cuerpo, de piel suave e inmaculada, tenía unas proporciones perfectas, aunque aún era algo delgada, y sus pechos apenas habían empezado a brotar. Sin duda, gozaba de una hermosura que cualquier hombre soñaría con poseer.
¿Y César? Ni un dios del Olimpo podría gozar de un porte más armonioso. Alto y fibroso, era la viva imagen de la virilidad. Sin duda, poseía otras virtudes que le servirían mejor que su ilimitada ambición. Pero en ese momento, el gesto de César estaba lleno de ternura mientras contemplaba a su hermana, desnuda, de pie, a unos pasos de él.

–¿Te parezco hermosa? –le preguntó Lucrecia a su hermano. El asintió. Ella se volvió hacia su padre. –¿De verdad soy hermosa, padre? ¿Soy la joven más hermosa que hayas visto nunca?
El papa Alejandro asintió.
–Eres bellísima, hija mía. Sin duda, un reflejo de Dios en la Tierra –dijo.
Entonces levantó levemente la mano derecha, trazó la señal de la cruz en el aire y los bendijo. Después, les pidió que comenzaran.

Así relata Mario Puzo la desfloración de Lucrecia Borgia, por parte de su hermano César, con la supervisión del padre de ambos, el Papa Alejandro VI, en su libro Los Borgia (The Family), © 2001, The Estate of Mario Puzo & Carol Gino; © 2001 Editorial Planeta S.A.; © 2001 Emecé Editores, S.A., sello Booket, Buenos Aires, marzo 2004, pág. 56, 57.

 

 
Publicado por Simon a las 05:01

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