La debilidad que el emperador Claudio mostraba ante su esposa, Valeria Mesalina, le ocasionó más de un problema. La condena a muerte del digno Publio Valerio Asiático quien rechazó las propuestas sexuales de la depravada emperatriz fue el último, y el colmó la medida.
Para el monumental trabajo administrativo del imperio, que Claudio se tomaba muy en serio, confiaba en varios libertos ?esclavos liberados?, entre quienes el fiel Narciso que se ocupaba de toda la correspondencia (ab epistulis) del emperador y estaba enterado de todo lo que ocurría en el palacio. Por supuesto, sabía cómo las gastaba Mesalina, y se cuidaba mucho de no ponérsela en contra.
Es posible que el hombre de confianza de Claudio se haya enterado del desafío que le hiciera Mesalina a la más hábil prostituta de Roma: cuál de las dos era capaz de resistir a más hombres en un plazo determinado de tiempo. Se cuenta que la meretriz, agotada, pidió basta y se retiró escuchando el eco de las carcajadas de la esposa del César, que continuó con la frenética actividad durante muchas horas más. También debía estar al tanto que se prostituía, usando el seudónimo de Licisca, en un famoso burdel de Roma, saliendo a hurtadillas de su residencia acompañada sólo por una esclava.
Pero es seguro que sí se enteró del último capricho de Mesalina y tuvo el valor de enfrentarse a Claudio, para explicarle con todo lujo de detalles qué estaba ocurriendo.
Mesalina terminó por enamorarse de uno de los hombres más apuestos de Roma: Cayo Silio. Utilizó su poder para que éste repudiara a su mujer, y lo convirtió en su amante. La voz se corrió en toda la ciudad y Claudio parece haber sido el único que no había enterado de la noticia.
No contenta con hacer pública su relación con Cayo Silio, la emperatriz decidió que contraerían enlace, luego que el hombre prometiera adoptar a su hijo Británico.

Muerte de Mesalina (detalle), V.F.E. Biennoury ,
siglo XIX, Museé des Beaux Arts, Grenoble
El matrimonio se consumó en una monumental fiesta, en la que no faltó una desenfrenada orgía. El hecho llegó a los oídos de Narciso, que decidió tomar cartas en el asunto y se lo informó al emperador, sugiriéndole que el paso siguiente de Cayo Silio y sus cómplices era el magnicidio y hacerse con el poder. Claudio mandó arrestar a la pareja y a muchos de los que habían participado de la ceremonia, que fueron ejecutados en el acto. Pero Claudio no quiso enfrentar ese día a Mesalina que suplicaba una audiencia, creyendo que nuevamente se saldría con la suya. Pero esta vez la suerte le jugó una mala pasada.
Atormentado, Claudio se emborrachó y Narciso, temiendo que la joven lo convenciera como en el caso de Publio Asiático, aprovechó el estado de su amo y señor, para que firmara la orden de ejecución de su esposa.
De tal modo, cuando a la mañana siguiente el emperador despertó con resaca de su borrachera, fue informado que su mujer había sido decapitada, por haberse negado a suicidarse, tal como se le había dado a elegir. Algunos estudiosos opinan que, efectivamente, y alentada por su propia madre, la perversa y licenciosa Mesalina, se quitó la vida. Moraleja: satisfacer algunos caprichos pueden costar la cabeza.