Es sabido que la roca Tarpeya era un lugar por demás siniestro en Roma, en realidad un peñasco en el Monte Capitolino, pues desde ahí se despeñaba a los condenados a muerte, o se arrojaban los cadáveres de los que habían sido declarados traidores a Roma y ejecutados.
El nombre fue puesto en memoria de una mujer que traicionó a Roma en los tiempos míticos de la fundación de la ciudad. Dice la tradición que Rómulo, que gobernó hasta el 716 a. C, decidió organizar una fiesta para celebrar la fundación de Roma y, como muestra de cortesía y buena vecindad, invitó al rey sabino Tito Tacio y a sus hijas.
Carentes de mujeres, los romanos aprovecharon para raptar a las mujeres sabinas, y expulsaron a sus acompañantes quienes, furiosos por la jugarreta, pusieron sitio al Monte Capitolino, a fin de tomar la ciudad por asalto y recuperar a sus mujeres.

El rapto de las Sabinas, Jacques-Louis David (detalle)
La única posibilidad de conseguir el triunfo les fue dado por una muchacha llamada Tarpeya quien ?siempre según las tradiciones?, enamorada perdidamente de Tito Tacio, prometió a los sabinos abrirles las puertas de la ciudad si ellos se comprometían a entregarle todo lo que llevaran en el brazo izquierdo, creída que ellos llevarían sus habituales brazaletes de oro.
Los sabinos aceptaron el trato y cuando Tarpeya los dejó entrar, a medida que pasaban iban arrojando sobre la joven los escudos que llevaban en su mano izquierda, hasta que la joven murió aplastada bajo su peso. Porque una cosa es que los sabinos emplearan y se aprovecharan de los traidores y otra, muy distinta, es que le tuvieran simpatía, partiendo del presupuesto que un traidor siempre hace lo mismo por lo menos dos veces.
Claro que los sabinos no se esperaban la sorpresa que recibirían de sus mujeres quienes, no queriendo quedar huérfanas de sus padres sabinos ni viudas de sus esposos romanos, lograron que se pusiera fin a la batalla, que no se destruyese la ciudad de Roma y se aceptase a Rómulo como rey, ya que éste debía ser quien confirmara sus matrimonios.
Así se pobló Roma, y Tarpeya pasó a la historia como símbolo de la traición.