Europa era la bella hija de Agenor, rey de Tiro y Sidón. Un día, mientras la joven jugaba en la playa de Tiro, Zeus, la vio e, inflamado de amor por su belleza, se transformó en un toro blanco y resplandeciente y se le acercó. Cuando Europa se subió a lomos del toro, éste emprendió una carrera veloz por el mar y la llevó a Creta. Allí, bajo unos plátanos –que desde entonces no pierden sus hojas–, la poseyó. Zeus, como se sabe, solía hacer este tipo de jugarretas con las bellas mortales.

El Rapto de Europa, François Boucher, circa 1732/1734,
tela (230,8 x 273,5 cm), The Wallace Collection
Producto de esa unión –de la que Europa jamás parece haberse quejado, por cierto–, Europa le dio tres hijos a Zeus: Minos, Sarpedón y Radamantis. Al cabo del tiempo el dios la casó con Asterión, rey de Creta que, como no tenía hijos, adoptó a los hijos que había tenido su bellísima esposa con ese simpático y gozador bellaco de Zeus.
De todos sus hijos es más famoso es Minos, de cuya familia nacerá posteriormente el Minotauro, monstruo con cabeza de toro y cuerpo humano. Este monstruo permanecía encerrado en un Laberinto construido por Dédalo que se alimentaba de carne humana.
Tras su muerte, Europa recibió honores divinos en premio a su abnegada participación para darle tres hijos al dios, que era lo menos que los dioses podían hacer por ella.
El toro, cuya forma había adoptado Zeus, se transformó en la constelación que hoy se conoce como Tauro y fue incluido entre los signos del zodíaco.
El Rapto de Europa ha sido motivo inspirador para muchos pintores, entre quienes, además de Boucher , se puede nombrar a Tiziano, Albani, Simon Vouet, Sebastiano Ricci, Jean~Baptiste~Marie Pierre, Giordano y Giulio Romano, entre otros, además de grabados, dibujos y frescos como el que se encontrara en Pompeya.