Colección Voyeur

Miércoles 09 de Marzo de 2005
Mujeres: nueve; hombres: uno.

Un día el juerguista Zeus y Hera, la diosa, empezaron a discutir acerca de un tema muy peliagudo y espinoso: quién se la pasaba mejor en el acto amoroso. ¿Cuál de los dos miembros de la pareja ?heterosexual, se entiende?, gozaba más de las mieles del sexo?
La discusión estaba por pasar a mayores, cuando ambos decidieron convocar a Tiresias, para que dirimiera el conflicto. Pero ¿por qué convocaron precisamente a Tiresias?

Recordemos que había sido el hombre que fue transformado en mujer y luego nuevamente en hombre, sólo por estropearle una sesión amorosa a dos parejas de serpientes, luego de lo cual se había convertido en una suerte de consejero no sólo de humanos, sino también de algunos dioses, mucho antes que el counseling se pusiera de moda en el siglo XXI.
Una vez llegado a la morada de los dioses, y preguntado que fue acerca de tan profundo y controvertido tema, Tiresias se lo pensó un poco, hizo memoria, y respondió de la siguiente manera: si el goce pudiera medirse y se utilizara una medida de uno a diez partes iguales, la mujer se llevaría nueve partes y el hombre debía contentarse sólo con una.
De acuerdo a las consecuencias, a Tiresias le hubiera valido ser más prudente y callarse la boca. Pero como no solía mentir, y como hablaba con conocimiento de causa, dijo la verdad.
Hera se enfadó. De eso, no cabe duda. Por más que Zeus se mostró comprensivo, y como la última palabra siempre la tienen los hombres, le debe haber contestado ?Sí, querida? y la diosa fulminó a Tiresias con una maldición que lo dejó ciego para el resto de la vida.
Una vez que la diosa se retiró, encabronada y dando un portazo como pocas veces en su vida inmortal, y una vez que los hombres se quedaron a solas Zeus decidió premiar a Tiresias por ser tan honesto y confiable, y le concedió el don de vivir una vida más larga y disfrutar del don de la profecía, por lo que cada vez que los dioses lo convocaban para algo, Tiresias podía saber lo que iba a pasar y, si le convenía y no corría peligros, iba. De lo contrario, inventaba una excusa, como en el counseling, en una palabra.
Es cierto que lo que Hera pidió era que se midiera el goce y no el placer... ¿será por eso que se enojó tanto?
Pero que las mujeres ganan por nueve a uno... de eso no cabe duda.

 
Publicado por Monserrat a las 05:02

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