Colección Voyeur

Martes 08 de Marzo de 2005
Kinsey: el estudioso de la sexualidad

No era habitual, en la década de los años ´50, que se hablara de sexo con la liberalidad con la que hoy se trata el tema. Cuando se lo mencionaba, siempre era en voz baja, y con miradas de soslayo para estar seguros de que sólo escuchara el interlocutor. De hecho, aunque las dos guerras mundiales había producido los cambios morales más profundos del siglo XX, y relajado la moral considerablemente, aunque el sexo se seguía practicando, se hacía “como si no” y de eso no se hablaba. Y si se hablaba, se hablaba con eufemismos. Por ejemplo: procreación, reproducción, fecundación, copulación. Una mujer no estaba embarazada, sino que “estaba de encargue”, porque a los niños, en vez de explicarles que mamá y papá se habían procurado una noche inolvidable, en la que habían hecho el amor en el momento oportuno, se les decía que “mamá y papá habían encargado un hermanito a París”
¿Por qué París, me pregunto yo?
Bueno, en ese ambiente de represión y eufemismos, de palabras apenas susurradas y miradas huidizas, apareció un señor estadounidense que había estudiado biología y tenía por actividad la zoología. Se llamaba Alfred Charles Kinsey.

Este buen hombre, con dos libros y hablando claro y sin ambages, pateó el tablero y empezó a llamar al pan, pan y al vino, vino. Aunque, hay que recordarlo, no corrían buenos tiempos para hacer algo semejante. En los Estados Unidos, el senador Joseph McCarthy había impuesto un estado general de miedo y delación, y la “caza de brujas” (comunistas, lo mismo da) era la actividad nacional por excelencia, acicateada por la tan temida Guerra Fría. El FBI, con el viejo Hoover, ayudaba en la tarea y fueron muchos los que terminaron mal su vida, perdieron su carrera y hasta su vida –recuérdese al tristemente célebre matrimonio Rosenberg, dos científicos ejecutados bajo la acusación de espionaje–, sólo por mostrarse con una actitud progresista o de avanzada para su época.
Más le hubiera valido ser un poco más prudente. Los ataques que recibió desde los sectores más conservadores y retrógrados de la sociedad norteamericana, no hicieron más que reafirmar la importancia de sus estudios y conclusiones.
El estudio de la sexualidad había estado teñido durante mucho tiempo de prescripciones y consideraciones morales que habían impedido la comprensión objetiva de los hechos. Alfred Kinsey  –que había nacido en 1894 y moriría en 1956–, fue uno de los primeros que se atrevió a estudiar científica y detalladamente la conducta sexual del hombre y la mujer norteamericanos.
El fue quien aportó los datos que acabarían con la mayoría de los prejuicios y de las ideas erróneas que existen sobre la sexualidad y en aquellos peligrosos días de inicios de la década de 1950, se atrevió a plantear la necesidad de estudiar el comportamiento sexual per se, el estudio por sí mismo, y a través de un método científico. Esto significaba apartar a la religión y la ética que hasta el momento habían impuesto su interpretación de la sexualidad y debe haber sido como colgarse un cartel rojo con letras bien grandes en el que se leyera: “¡Suéltenme a los perros!”
Y es que el mismo Kinsey alimentaba los odios, los rencores y las maledicencias, tal como se puede comprobar en la excelente biografía escrita por James H. Jones, que ponía el acento en la intimidad casi perversa del propio Kinsey, que registraba situaciones de sexo en grupo, voyeurismo, homosexualidad (con aceptación de su esposa) y hasta el estímulo a ciertos pedófilos, con el fin de utilizar las experiencias para sus estudios.
Fuera como fuese, los descubrimientos que hizo Kinsey se transformaron en una verdadera una bomba atómica cultural –como poco antes lo había sido la experiencia de bomba de Hidrógeno–, y económica, que le permitió pasar de ser un excluido de la comunidad científica, a la popularidad más absoluta, que representó para él más y mejor apoyo y recursos para continuar con sus estudios.
Alfred Kinsey fue el fundador del primer instituto especializado en sexualidad, conocido como el Kinsey Institute.
(continuará)

 
Publicado por Silvia a las 05:05

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