Colección Voyeur

Martes 15 de Marzo de 2005
Hacer el amor con un Dragón

Si pretendéis conocer a un Dragón, os advierto, estáis tan desencaminados como Tomás Moro en su Utopía. Ni siquiera ellos mismos se conocen. Apenas si pueden explorar, como arqueólogos en un yacimiento recién descubierto, en su propio ser.

Claro que, en el camino, van dejando un tendal de enamorados que quedan sin consuelo, porque el Dragón cuando aún no ha conseguido un poco de estabilidad en su existencia, además de enamorar, descalabra el cerebro de aquellos que quedan prendados de su persona.
Cierto es que no sólo el Dragón es quien debe aprender, sino los que se le quedan pegados. Si os lo pensáis un poco el Dragón –el único animal mítico de todo el zodíaco chino–, no es más que un espejo de nuestras grandezas y nuestras miserias, de nuestra fortaleza y de nuestra debilidad.
Mitad celestial, mitad terrenal, hacer el amor con un Dragón es una experiencia extrema que os sacudirá como el Sunami, para luego llevaros a las profundidades del alma. A esos lugares donde muy pocos os atrevéis a transitar. El Dragón es Eros y es Thanatos; es lo sagrado y lo profano; lo imaginario y lo real. Todo al mismo tiempo, y sin daros tiempo a tomar un resuello siquiera. Después no digáis que no os lo avisé.

Dice la mitología china que el Dragón habita en zonas inhóspitas, escarpadas, rocosas e inaccesibles. Puede sobrevolar el aire, sumergirse en el agua, atravesar el fuego, horadar la piedra, perforar la tierra o derretir el metal. Al Dragón no hay elemento que se le resista. Porque es, a su manera, caos y aniquilación, frenesí, pesadillas, obsesiones y fantasmas.
Pero...
Pero para conquistar a un Dragón –señoras y señores–, no hay otro modo que,  en primer lugar, conquistarse a uno mismo. Sólo entonces, la mitad del camino estará llanado. Porque el Dragón se lleva de malas con los dioses, pero es afable con los humanos.
Un Dragón lo intentará todo: el éxito o el fracaso no lo inquietan. Sólo es parte del riesgo de vivir. Nacer o morir, es tan natural como existir porque sólo ellos comprenden que esa es la ley de la Naturaleza.
Un Dragón es un verdadero huracán de vitalidad. Saludable por esencia, puede somatizar hasta el cansancio, pero cuando lo decide, se cura, aunque haya dramatizado con la enfermedad hasta la hipocondría.
Concebir el justo medio, les lleva gran parte de la vida, y eso sólo los que tienen un corazón noble. Los grises, los psicólogos, los indecisos y los burócratas los sacan de quicio, porque puestos a tomar decisiones, no hay quien los haga retroceder.
Claro que si un Dragón decide amarte, se desvivirá por ti, y no se te ocurra imitarlo porque le disgusta.
Como generalmente en la infancia y la adolescencia las han pasado mal, durante la juventud y la adultez la demarcación entre la realidad y el ideal es tan imprecisa como la tierra de nadie en un campo de batalla. Sólo en la madurez y en la vejez el Dragón –si ha sabido transformar el veneno en medicina–, encontrará su equilibrio. Eso, si no se siente tentado –como muchos en esta época de locura y siliconas–, a ser inmortal.
Hacer el amor con un Dragón es una experiencia sólo para los verdaderos valientes, aunque básicamente se muestra amable con los humanos y detesta herir los sentimientos de los demás.
Su manera de actuar es –¿cómo decirlo?–, un tanto “diferente” a la de la mayoría de los mortales. Por eso, habéis de poner mucho cuidado para no disgustarlo.
Y prestad mucha atención a esto: el silencio del Dragón es de temer.
Porque luego del silencio, viene la llamarada, porque para el Dragón el silencio es la más fuerte de todas las pasiones.
Claro que la contrapartida es que si un Dragón se enamora, y aunque está muy por encima de todos, os hará vivir una experiencia maravillosa e inolvidable... Siempre que tengáis en cuenta que uno no le hace el amor a un Dragón, sino al revés: el dragón le hace el amor a uno y más vale estar a la altura de las circunstancias, porque exigirá lo mismo de aquello que él está dispuesto a dar.
A un Dragón no le gusta hacer el amor... le fascina. Por eso despliega todos sus encantos: los que existen entre humanos y los que sólo pertenecen al mundo de los sueños. Para el Dragón, el sexo o es en gran escala, o no es sexo. Y sólo cuando él lo dispone. En una escala de uno a diez, os prevengo, no intentéis siquiera llevarlo al límite.
Dispuesto a amarte, te llevará al extraño mundo de las fantasías haciendo lo que se os ocurra pedir y hasta aquello con lo que fantaseáis. Nada se le escapa, porque antes que lo podáis advertir, se habrá dado cuenta qué es exactamente, aquello que os da placer.
Así que si os ha elegido un Dragón, a darse por contentos y a juntar coraje.
A su lado comprenderéis cabalmente cuál es el verdadero significado de la expresión: la vida es riesgo, y sólo gana el que se arriesga.
Porque el Dragón no se da... se entrega por completo. En cuerpo y alma, con lo que tiene y con lo que tendrá. Y como todo lo que toca, lo convierte en oro; no vacila en darse por completo y en ponerlo todo a vuestra disposición.
Moderno, visionario, iracundo, obstinado, generoso, provocador, incisivo, seductor, original, talentoso, creativo y bello hasta el delirio, el Dragón os puede llevar a un mundo donde todos los sueños se hacen realidad.
Lo único que no debéis hacer –si un Dragón se aviene a poner su atención en vosotros–, es dudar de su amor. Será una experiencia que, os lo aseguro, no habréis imaginado ni en vuestras peores pesadillas.
Por lo demás, es el único con el que podréis hablar claro y sin ambages, con la tranquilidad que lo comprenderá todo.
Y la comprensión, amigas y amigos míos, es el único camino seguro hacia la felicidad.
Eso sí. Cuando le de por el cachondeo, haced acopio de fuerzas porque no os dejará salir hasta que se sienta satisfecho y sólo el Dragón conoce cuál es el límite de su propia satisfacción. Por eso, si tenéis la buena fortuna de satisfacerlo... pues, ¿qué decir?
Os envidio.

 

 
Publicado por Monserrat a las 05:00

Respuestas
24 Marzo 2005 - 13:08
Susan
Soy un poc o dragón y no lo había sabido hasta ahora, me ha encantado tu blog!
18 Noviembre 2005 - 10:31
Enviar un emailAnamar
Montse, estaba leyendo viejos posts y encontré esta maravilla. Me identifico plenamente con todo lo que dices de quienes hemos tenido la fortuna de nacer bajo el signo del Dragón. ¡Felicitaciones por tu nota! Es estupenda.
24 Mayo 2007 - 14:47
Enviar un emailANGEL...
Monserrat... Que bueno encontrarme con este post que me identifica ... Un beso Ángel... con corazón de dragón...
25 Marzo 2008 - 17:44
Enviar un emaildiego
jaja si en realidad me guto mucho este blog emberdad me identifica mucho es moco si me estuviera describiendo por completo bueno solo eso y chau

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