Los europeos del siglo XIX buscaron en el Medio Oriente sus sueños perdidos. Las imágenes de la vida cotidiana y de la cultura musulmana exceden el marco del exotismo.
Y entre todos los temas el más sugestivo para los europeos fue el retratar la vida en el harén, mítico a fuerza de prohibido. Los europeos que tuvieron la oportunidad de acceder a ese misterioso mundo, relataron sus expresiones cuando regresaron a Europa.
Lady Montagu, esposa del embajador de Inglaterra entre 1716 y 1718, tuvo acceso a esos lugares prohibidos por su doble condición de mujer y diplomática.
Aunque en esencia las imágenes del harén no pasan de ser meras ilusiones, son imágenes del deseo de bienes terrenales y del placer del cuerpo humano, dedicado a la vida ociosa y al ritual del baño. Del disfrutar de la comida tanto como el de fumar.
Pero la representación de la vida en el harén también toca lo femenino, y los pintores europeos encontraron en ese tema un concepto diferente de la mujer que en ese momento, en Europa, estaba luchando por sus derechos.
En el harén la mujer es mujer-objeto y la mayoría de las esclavas eligieron, con toda intención, perder su libertad a cambio de una vida de lujo.

Aunque en apariencia las imágenes aparentan, en su realismo, ser fidedignas, los temas elegidos siempre son estereotipos de la vida en Oriente, mostrada como lasciva y voluptuosa hasta el exotismo. La mayor parte de las pinturas que recrean la vida en el harén se recrea en el voyeurismo. Lo que no se podía ver con los ojos, se miraba con la imaginación.
Posiblemente quien mejor resume el carácter estereotipado del orientalismo fue Jean León Gérôme, que vivió en Medio Oriente como cronista oficial del gobierno francés.
Fue el artista que más mostró esa necesidad creadora o existencial, ese estímulo que ayudó a Europa a descubrir la otra parte de su ser y sus sueños perdidos, tanto como a recobrar una diferente concepción de la vida, a definirse como la imagen opuesta a la de Oriente. Imágenes de un mundo simple, campesino, opuestas a las del continente europeo, entrando en la deshumanización del mundo industrial.