Colección Voyeur

Miércoles 30 de Marzo de 2005
Los años ´60: La Revolución Sexual II

La palabra hebrea que significa “equipo” –en opinión del Dr. Josef E. Garai–, también significa pene y arma. Miles de años antes de nosotros, los semitas ya conocían la función dual de la sexualidad, esto es, su empleo como expresión de sentimientos tiernos, amorosos y dulces por una parte, o como arma amenazante en el otro extremo.
Cuando el hombre emplea su miembro como un arma y en forma hostil en vez de amorosa, la sexualidad se trastoca, viciándose con sentimientos de culpa, vergüenza y hostilidad. De modo que la sexualidad saludable se caracteriza por la ausencia absoluta de deseo de humillar o someter al otro. La honradez y el respeto por la propia dignidad y por la del otro miembro de la pareja, sienta las bases firmes de una feliz relación.
Ya en los sesentas, se había difundido un método que podríamos denominar “Las cinco mejores formas para tener más placer sexual”. Veamos cuáles son:

La primera, consiste en evitar la insistencia en tener relaciones, ante la negativa de la otra persona, como si se tratase de un derecho propio. Forzar la sexualidad del cónyuge reacio, podría compararse a una violación.
La segunda recomienda evitar el abusar de lo sexual, como medio para demostrar la propia “masculinidad” o “femineidad”. Algunos hombres se sienten inadecuados sexualmente cada vez que experimentan deseos y no logran despertar los de la mujer. Del mismo modo, la mujer puede dudar de su atracción sexual, cada vez que su compañero deja de notar el despliegue que ella hace de sus encantos.

La tercera aconseja evitar el abuso de la sexualidad con fines de chantaje, explotación o aprovechamiento. La sexualidad saludable es el resultado de la expresión de los sentimientos de afecto, aceptación, ternura y confianza. La sexualidad condicionada es tan destructiva de la confianza básica que refuerza todo lazo humano estable, como lo es el amor condicional. La pugna por la sexualidad se convertirá en mercancía que tiene que adquirirse a precio cada vez más alto, produciendo una “inflación sexual”, que por lo general conduce a una depresión del ego. Y en estas condiciones los sentimientos de amor y ternura no pueden sobrevivir cuando tienen por delante el resentimiento y la maquinación de la venganza.
La cuarta advierte que se debe evitar insistir en prácticas sexuales que el otro cónyuge encuentre desagradables. Cuando un cónyuge insiste en cierto tipo de juego o actividad sexual que el otro aborrece o rechaza –por la razón que fuere–, el interés en la propia complacencia se convierte en dominante, dejando en un lugar secundario al placer y la complacencia del otro cónyuge. Que el marido se queje en el sentido que su mujer es una “mojigata” porque no le complace que le bese el sexo, no mejorará la disposición de ella para tolerar semejante caricia, por placentera que pudiere resultarle a cualquier otra mujer. Lo más probable es que refuerce la creencia de ella de que los hombres son “animales”, “inmundos” o “pervertidos”, a la vez que acreciente sus temores en la intimidad sexual.
La quinta, por fin, sugiere evitar las actitudes compulsivas y los patrones perfeccionistas en las relaciones carnales. Es cierto que el amor es un arte, y como todo arte exige que uno esté dispuesto a experimentar de nuevas formas y cambios con los cuales se acrecentará el placer en la sexualidad de la pareja. Pero el énfasis en aspectos puramente mecánicos del sexo, frecuentemente conducen a la creencia equívoca de que sólo la técnica correcta es la única que garantiza el logro del máximo placer en la experiencia sexual. Y lo sexual es mucho más que un acto mecánico regido por técnicas o determinados ritos. El sexo es la culminación de la intimidad. Sin ternura, la reacción mutua no existe y el deseo desaparece y no existe técnica sexual alguna que ayude a recuperarlo.

Reflexiono, leyendo estas simples recomendaciones de los sexólogos de la década de la revolución sexual: ¿cuántos deberíamos leerlas y aprender de ellas? ¿Para que sirvió todo este conocimiento? Porque, tal como están las cosas, no puedo menos que tener la sensación que no hemos aprendido mucho. O que lo leímos, y no retuvimos lo importante. O que lo escuchamos, y nos entró por un oído y nos salió por el otro...

 
Publicado por Silvia a las 05:04

Respuestas
31 Marzo 2005 - 04:51
Enviar un emailEros
Muy interesante este método de las cinco normas. Es curioso como algo que parece tan obvio a día de hoy, no lo fuera hace menos de 50 años...o por lo menos, se tuviera que dejar reflejado en unas líneas para que de alguna manera la sociedad lo "digiriera" Hace tiempo leí algunos fragmentos de uno de los manuales de buena conducta que surgieron en la época franquista difundida por los falangistas (no recuerdo el nombre). Obviamente, no hablaban del sexo de una forma tan directa y el papel del hombre descrito era mucho más prehistórico, pero me recuerda bastante en el tono de comunicación utilizado, tan propio de este tipo de escritos. Las normativas de conducta humana son de otro siglo, pero indudablemente más de uno/a deberían echar una lectura de ellas de vez en cuando! Sigue espiando a través de la cerradura, amigo... que tenemos mucho que aprender. Para quien quiera algo menos profundo y más pueril... que eche un vistazo a mi blog. Eros http://erotismo7.blogspot.com/
02 Abril 2005 - 17:51
Enviar un emailSilvia Bonasi
Querid@ Amig@: Gracias por tu comentario. Simón lo atribuye al corsi e ricorsi della storia. Por otro lado, en absoluto tu blog puede catalogarse de "pueril". ¿Te imaginas qué sentíamos cuando empezamos ya, dentro de poco, hace un año? A mí, personalmente, me ha gustado y creo que te hemos invitado a que abras un´vínculo con nuestra página, para promocionar la tuya. Con afecto, te dejo un beso.

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