Lo que cuenta la Biblia en Génesis 38, 1-30 acerca de Onán es, sin lugar a dudas una historia especial, tanto por lo peculiar que resulta cuanto por el nivel de imaginación de quien fuere que la haya redactado, quien la haya corregido y, casi con seguridad, quien la haya aumentado.
Judá ?uno de los hermanos de José?, parece haberse casado con la hija de un cananeo al que sólo conoceremos por Sué, puesto que los textos sagrados no le atribuyen nombre alguno a la señorita en cuestión, quizás porque provenía de alguna familia de pro de la época. El fruto de esa unión fueron tres varones llamados Er, Onán y Sela respectivamente.
Parece que Judá estaba obsesionado con eso del sexo y ansioso de reproducirse a cuanto más y mejor, y esta obsesión también valía para sus hijos. De modo que se encargó de buscar una esposa para Er, su primogénito, elección que vino a caer en una doncella de nombre Tamar, a la que se presupone hermosa y apetecible, aunque no exista constancia alguna de su belleza.

El ?pecado? de Onán; escultura de Pottier, pieza única.
Nadie sabe porqué ?y tampoco nadie lo explica?, pero Er no era bien visto por Yaveh, así que el Señor le reclamó en sus aposentos privados con urgencia y de sorpresa, y Er se murió. Quizás el pobre muchachote no era mala persona. Quizás lo único que se le podía reprochar es no haber estado, en el lecho conyugal, a la altura de las circunstancias, es decir, como debe comportarse un Elegido. Seguramente eso debe haber causado gran disgusto en Aquel, que lo fulminó en el acto.
Como lo mandaba la ley por aquellos tiempos, o porque Judá no contaba con reservas de doncellas casaderas o bien porque el honor mandaba reemplazar a la viuda de su hermano en su necesidad de procrear, el segundo hijo de Judá ?Onán, protagonista principal de nuestra historia?, debía suceder a su hermano en la ardua tarea de asegurar la descendencia.
Todos muy contentos hasta que Onán, que no parecía muy entusiasmado, manifestó su franca disconformidad con el lugar que le tocaría en la historia ya que no había sido elegido ni por Tamar ni por Judá como esposo, sino como reemplazante. Debió haberse sentido un instrumento, un mero objeto sexual y eso no le debe haber caído en gracia.
Por eso cuando Judá lo instó a que cumpliera con su deber de cuñado y tomara a la viuda para darle descendencia a su hermano muerto, no dijo ni mus pero rápidamente urdió una estratagema para no tener que representar lo que el debía considerar un triste papel.
El plan era simple: el yacería con Tamar todo lo que ella, su padre o Yaveh quisieran, pero su simiente iría a parar a la tierra antes de depositarlo entre las piernas de su cuñadita. Así lo hizo.
Curioso cómo se teje la historia y cómo se hace patente la relatividad de la moral. Hoy, intentar seducir a la cuñada ?viuda o no?, es considerado una perversión. Pero en aquellos, los Buenos Viejos Tiempos de la antiguedad, la procreación se anteponía a cualquier consideración ética, incesto incluido, razón por la cual su negativa desató nuevamente la furia de Yaveh, que lo eliminó como a su hermano, pero por desobediente, rebelde y... Bueno, debido a esa actitud del pobre Onán, que se negó a yacer con su cuñada llevando a la práctica su estrategia, dio comienzo el pecado mítico del Vicio Solitario que, según los dichos populares, era capaz de dejar ciego a un hombre, hacer que le crecieran pelos en las manos o dejarlo medio tarado para el resto de su vida.
No podemos cerrar esta nota sin mencionar que la estratagema de Onán no consistía en la masturbación, muy por el contrario, el tipo parece haber mostrado un desgano y una falta de interés total por el sexo, y en todo caso, tal como él se lo anticipara a su cuñada: yacer, lo que se dice yacer, yacía. Pero cuando llegaba el momento: coitus interruptus . ¡Segundos, afuera!