Si hay una condición del alma y la psiquis del ser humano que explica, define y da razón de la existencia al amor, es la conjunción de confianza, respeto y libertad entre los miembros de la pareja. Nada de lo que hacéis en la intimidad, entonces, será motivo de vergüenza o sensación de fracaso.
Por eso, queridos lectores de ambos sexos, tened en cuenta que la que vaís a leer es, posiblemente, la más perniciosa y destructiva de las falacias acerca del orgasmo.
Si os tenéis confianza; si os respetáis y la libertad entre vosotros es condición necesaria para vuestra relación de pareja, el amor se os aparecerá como una consecuencia maravillosa y sorprendente. Y cuando ese sentimiento os inunde, pues, el sexo será pleno, gozoso y cada vez más intenso.
No debéis dejaros llevar por esas voces marrulleras que os fuerzan a proezas sexuales ni a imposiciones, porque este aspecto de la vida de la mujer y el hombre, es al que mejor le cuadra el “hoy por ti, mañana por mí”. De modo que haced oídos sordos cuando escuchéis: “Para que resulte realmente satisfactorio, el orgasmo femenino debe ser simultáneo con el del hombre. Sólo es verdaderamente bueno cuando ocurre en el mismo momento o muy cerca de éste”.
¡Jo-lín! Si el sexo en la pareja no es un tema de texto de manual ni materia de examen.
Es cierto que cuando el orgasmo es simultáneo en la pareja, es algo para recordar toda la vida. Como que también es verdad que este tipo de experiencia cumbre no se repite todos los días. Sólo ese gran sentimiento de unión y entrega mutua que da el amor, permite llegar a esta calidad de abandono el uno en los brazos de la otra, y viceversa.

Tened en cuenta que no sois iguales. Precisamente, todo lo contrario. Sois totalmente diferentes y no sólo en lo que al cuerpo le hace. Vuestra fisiología, vuestro pensamiento, el grado de intensidad que cada uno puede poner en ese momento tan especial –que no se trata de un “deber ser” a lo Kant, vamos–, y la interminable lista de factores que, en cada día, influyen en cada uno y en el todo, nos permite comprender que no es igualmente fácil o difícil para vosotros el conseguir esa simultaneidad del goce.
No hay nada malo ni nadie ha hecho incorrectamente los deberes si uno se tarda más que el otro. Y tampoco es reprobable como si se tratase de una herejía, el que cada uno se entregue a otras variedades sexuales que no sean precisamente la clásica penetración en la posición matrimonial. Tampoco es malo que pida lo que más le gusta, y el otro se lo de, como ofrenda amorosa.
La mayor parte de las veces resulta cierto que la mujer se tarda más que el hombre. Pero eso depende de la forma en que os entregáis en manos de vuestro hombre, explicando cómo os gusta más, cuál es la variante que os lleva más rápido a esas cumbres del placer que recordaréis por el resto de vuestra vida. Porque es verdad que –por lo menos para mí y para muchas mujeres–, hay momentos de unión tan intensos, tan –¿cómo llamarlos?–... tan perfectos, que por lo menos yo, los recuerdo hasta con lujo de detalles y me hace tan feliz el recordarlo, como en su momento me llenó de felicidad el sentirlo.
Por la contraria, si dais por cierta la falacia enunciada, la preocupación y el anhelo de lograr un orgasmo simultáneo puede llegar a ser un obstáculo tan difícil de sortear, que se interpondrá entre vosotros y os impedirá el abandono y el placer que debe tener vuestra relación. Y aquí sí, es válido el imperativo.
De modo que, queridas y queridos lectores, tened en cuenta estos mitos y falacias en las cuales, para poder tener una relación sana y una vida sexual plena, no debéis caer. Si os cuidáis a vosotros mismos y protegéis a vuestra pareja de este peligro que tantas vidas ha estropeado, seguramente descubriréis un nuevo mundo donde el placer será la consecuencia lógica del amor que tenéis el uno por el otro.
Os dejo mi cariño, y un beso para cada uno de vosotros.