Colección Voyeur

Martes 10 de Mayo de 2005
Prolífico para todo

Debo admitir que fue con Georges Simenon que adquirí el gusto por las novelas policiales. La primera vez que lo leí, fue por sugerencia de un amigo que era un fanático de sus obras. Su inspector Maigret ?o comisario Maigret?, me sedujo desde las primeras páginas con su inteligencia, su perspicacia y su notable intuición psicológica, que le daba un profundo conocimiento de las motivaciones de quien había delinquido. La serie de Maigret ha sido traducida a 55 idiomas, y creo que es la mejor recompensa para la disciplina, la creatividad, la constancia y la capacidad de trabajo del autor quien, a los 29 años, se ufanaba de haber escrito ya doscientas setenta y siete novelas.
El estilo literario de Simenon, único, irrepetible y singular, me transportaba al lugar de los hechos y podía imaginarme a ese comisario de la Sureté como un hombre brillante y, a la vez, profundamente melancólico.
Por esa época yo no sabía aún que el escritor escribe de lo que sabe, de lo que siente y de lo que carece, aunque leyendo a Simenon hay que estar muy atento ?al menos eso me pasa a mí?, hay que estar muy atento para descubrir a la persona detrás del personaje.
Este belga genial nació en Lieja un 13 de febrero de 1903, en una familia burguesa que, por ese tiempo, estaba totalmente arruinada. Su madre pretendió que fuese empleado, que tuviera su puestito en la administración de los ferrocarriles y un ingreso seguro. Pero Simenon se negó aunque ello le valió tener una relación muy difícil y traumática con la mujer que le había dado la vida, tal como queda en evidencia en sus obras Pedigree, escrita en 1948, que recrea su infancia y adolescencia y especialmente en Carta a mi Madre, escrita en 1974, cuando ya era un hombre viejo.

Pero en todo el tiempo que corrió desde aquella primera novela hasta ahora, por alguna razón que desconozco, no se me había ocurrido pensar cómo había sido la vida de Simenon y su relación con las mujeres.
Admito, otra vez, que volvió a sorprenderme.
De momento sólo mencionaré que en 1922 se trasladó a Paris, donde conoció a Regine una joven estudiante de arte, a quienes todos llamaban Tigy, con la que se casó a los 19 años. Por ese entonces ?su mejor momento?, producía ficción en cadena y como un poseso, y podía estarse once horas seguidas ante su máquina Remington, produciendo a razón de ochenta páginas por día, a sesenta palabras por minutos y que juraba que era capaz de escribir trescientas líneas mecanografiadas en tres cuartos de hora. Así, el hombre había dado paso a la leyenda y no eran pocos los que envidiaban a este joven que se había ganado la fama de producir una novela cada tres días.
Simenon, ganaba dinero vertiginosamente, y del mismo modo lo gastaba y, especialmente, en mujeres. Tuvo un romance con Josephine Baker, que posiblemente se haya transformado en un ménage a trois con su esposa Tigy.

Mujeriego empedernido que, se lo acusó de colaboracionista con los nazis durante la ocupación de París, y de haber tenido relaciones incestuosa con su propia hija, concebida con Denyse Ouimet quien, antes de convertirse en su segunda mujer, fue su secretaria amante.
Madre de sus tres hijos, Denyse aceptaba compartir a su marido con la cocinera. Así describía su intimidad con el escritor: ?Con Georges hacíamos el amor todos los días, tres veces por día: antes del desayuno, después de la siesta y antes de acostarnos a la noche... [...] Era prolijo en todo: en su manera de hablar, en su forma de escribir, en su cuidado al publicar y para hacer el amor...?.
Del mismo modo que Simenon se vanagloriaba de ser un escritor prolífico, se ufanaba de sus proezas sexuales, y llegó a reconocer públicamente que había tenido relaciones con diez mil mujeres, entre las cuales las que más lo entusiasmaban eran las cocineras, las criadas rellenitas y las putas divertidas.
No conozco a nadie que pueda asegurar que los rumores de incesto con su hija sean verdad ?aunque es verosímil?, pero lo cierto es que la joven se suicidó a los 25 años, hecho que el padre del comisario Maigret no pudo superar hasta su muerte, en Lausana, Suiza, el 4 de septiembre de 1989.

 
Publicado por Silvia a las 04:58

Respuestas
10 Mayo 2005 - 07:46
Enviar un emaileros
Impresionante tu labor de investigación. Compatibilizar tan prolífica obra literaria con tantas amantes y un mínimo de tres sesiones de sexo al día lo convierten en un superhombre. Seguramente su avidez sexual sería una importante inspiración.
11 Mayo 2005 - 05:48
Enviar un emailEduardo
Tengo entendido, además, que Simenon, escribió a lo largo de toda su vida una novela cada once días exactamente (no estoy muy seguro de la cifra, pero sí de que su ritmo siempre fue constante).
11 Mayo 2005 - 19:27
Enviar un emailSilvia Bonasi
Gracias por tu elogio, Eros, amigo nuestro. Hasta donde sé, el sexo despierta la creatividad, no la anula, como se dice desaprensivamente por ahí. Y, seguramente, su actividad en el lecho, le activaba las neuronas. Y a tí, Eduardo, hemos encontrado estadísticas varias, pero no lo que has nombrado, y ciertamente que Simenon tenía una gran disciplina para el trabajo, además de ser un eficiente dactilógrafo y tener la peculiaridad -muy poco común-, de haber escrito con una sintaxis impecable, casi sin errores de ortografía y virtualmente "en limpio". Esto es, sus originales apenas si eran corregidos una vez que los terminaba. Gracias por vuestro aporte. Afectuosamente, Silvia.
13 Mayo 2005 - 02:18
Enviar un emailMagda
Totalmente de acuerdo, el sexo estimula la creatividad, pero yo diría más bien el erotismo. Simenon es un excelente escritor, tengo entendido que soportaba un gran dolor y la causante era su madre. Muchos saludos.

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