Colección Voyeur

Jueves 12 de Mayo de 2005
Madame Du Barry: La Favorita I

Luis XV, rey de Francia, había tenido muchas amantes y la actitud de la corte ante esta realidad era pragmática: si la favorita de turno no causaba problemas ni afectaba los intereses del entorno del rey, que Su Majestad se la llevara a la cama todo lo que le viniese en ganas. Pero, si por el contrario, se metía adonde no debía o pisaba pies demasiado sensibles, pasaba automáticamente a la categoría de prostituta de la peor calaña y todo el mundo se unía detrás de un objetivo común: reemplazarla lo más pronto posible.

Para el caso, la tarea era ardua porque el rey se mostraba bastante caprichoso a la hora de elegir favoritas y sus gustos eran exóticos al punto de llevarse al lecho regio a tres hermanas por separado y a todas a la vez, aunque hasta la llegada de la Pompadour –nacida como Juana Antonieta Poisson–, todas pertenecían a la Corte o estaban vinculadas a ella, por lo que todo beneficio quedaba dentro del cerrado círculo del palacio.
En el siglo XVIII, la burguesía se había fortalecido como clase y el vertiginoso ascenso de la Pompadour era la prueba más fehaciente de este fenómeno social. Porque además de ligera, casquivana y voluptuosa, Madame era dueña de una simpatía espontánea, un don de gentes natural, un trato exquisito y una formación intelectual sólida, sustentada por una inteligencia fuera de lo común.

Vivió dos décadas junto al rey y terminó por ser más su amiga y confidente que su amante, limitándose a encontrarle doncellas (especialmente vírgenes, que eran las que más entusiasmaban a ese viejo libertino de Luis XV), extendiendo su influencia a la corte y al gabinete de ministros, mucho más cerrado.
Si ese siglo fue conocido como El Siglo de las Luces, se debió en gran parte a esta notable mujer que no se amilanaba con facilidad y despreciaba con elegancia a todos aquellos petimetres intrigantes de pelucas empolvadas.
A su muerte, se produjo el arribo de las profesionales.

Fue tal el dolor del rey y de tal magnitud el vacío que dejó la desaparición de su confidente, que el monarca parece haberse deprimido durante cinco años, que fue el tiempo que tardó en elegir otra favorita. La seleccionada fue una profesional del sexo: Jeanne Bécu, que se había ganado merecida fama en los burdeles de París con el seudónimo de Mademoiselle Beauvernier, pero que pasaría a la historia como Madame Du Barry.
Paradójicamente la misma corte que se había rasgado las vestiduras con la Pompadour por pertenecer a una clase inferior como era la burguesía, no se mostró escandalizada por una profesional como la Du Barry, que fue presentada al rey por los enemigos de la anterior y que hicieron lo posible para casarla con el hermano de su gigoló o rufián, el conde Du Barry.

En compensación la nueva favorita provocó la defenestración de los ministros que habían llegado de la mano de su predecesora, y afianzó la posición de los nuevos quienes, va de suyo, eran los que la habían promovido a ese puesto y la habían hecho acostar en ese lecho.
A diferencia de la Pompadour, luego de esta tarea inicial de poner las cosas en su sitio, se dedicó a lo que mejor sabía hacer: proporcionarle a Su Majestad todo el placer que necesitara y gastar dinero; satisfacer sus más exóticos gustos y gastar dinero; hacer realidad todas sus alocadas fantasías y gastar dinero.
Gastó tanto dinero que terminó arruinando al Tesoro Real por la forma en la que lo dilapidaba en vestuarios, joyas y demás objetos suntuosos. Hay que verla para darse cuenta porqué el rey le daba todos los gustos. Era realmente bella para el criterio estético de la época y han quedado testimonios de que en el lecho, era una verdadera tigresa, dueña de una creatividad sin barreras para el placer y dispuesta a hacerlo todo con tal de seguir entrando a la recámara real cada vez que le venía en gana.
Excepto María Antonieta, que la conoció cuando aún no era reina y la familia real, que la despreciaban, la Du Barry consiguió que toda la corte y gran parte de la nobleza se esforzaran por llamar su atención, se desvivían por caerle simpáticos y hacían todo lo posible –aunque tuvieran que dejar los escrúpulos de lado–,  para ganarse su favor.

 
Publicado por Simon a las 05:02

Respuestas
12 Mayo 2005 - 14:47
Enviar un emailCarolina
Y con toda razon volo su cabecita durante la revolucion!
20 Mayo 2005 - 10:54
Enviar un emailMagda
Acabo de leer que un toilette manufacturado en porcelana que perteneció a madame de Pompadour, fue rematado en más de 1.8 millones de dólares, el miércoles por la noche, en Nueva York. El comprador se mantuvo en el anonimato.
20 Mayo 2005 - 20:45
Enviar un emailSimon Paterson
Y eso es apenas una insignificancia en relación a la riqueza que había conseguido, a costa de las arcas del reino. Realmente creo que, en su profesión, difícilmente hubo otra colega que la haya superado. Gracias por tu comentario. Afectuosamente. Simón

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