Colección Voyeur

Martes 17 de Mayo de 2005
Caprichos chinos

China se ha caracterizado, en la historia de la humanidad, por su cerrazón. Por su concepción del ?espacio cuadrado?, que significa que dentro de china está todo aquello de la civilización que es digno de atención, y que cualquier otra cosa, aunque exista, no tiene la menor importancia. Por eso es que mientras en Occidente nos ufanamos de nuestra civilización, el ?Reino Medio? (Chun Kuo) ya llevaba varios milenios de existencia, mientras en Europa el hombre aún vivía en cavernas.
Cualquier experto en estudios chinos podrá asegurar, sin temor a equivocarse y con mucha más propiedad intelectual que yo, que Los Hijos del Dragón nos aventajaron en todo. Hasta en esa moda que parece haberse instalado en la sociedad de nuestros días de esas ?come-hombres? que los quieren a todos para ellas solas.
En corte de los emperadores chinos la corrupción y las perversiones parecen haber sido tan comunes como lo pudieron haber sido los excesos de Cayo Calígula en la Roma del principado, y no sólo era atribuible a los emperadores.

Así, por ejemplo, la emperatriz Wu Hu, de la dinastía Tang, tenía sus caprichitos en materia de sexo. La muy pícara le exigía a todos los dignatarios, nobles y embajadores extranjeros que le rindieran honores, y muy especiales, que consistían en que todos los hombres que eran recibidos en audiencias, debían hacerle un cunnilingus inicial para ?digamos?, entrar en calor y poder hablar así con más propiedad de los asuntos del Estado. Y mejor que se cuidara aquel que se negaba, era reticente o inexperto en el arte del uso de la lengua con la emperatriz, porque podía perderla junto con el resto de la cabeza.
Aunque no las hemos podido encontrar, sabemos que existen antiquísimas pinturas que representan a la mencionada emperatriz en actitud de entregarse a una sesión de sexo oral por parte de hombres encumbrados que se presentaban ante ella.

Mucho después (entre 960 y 1280), una princesa china de la dinastía Sung parece haber sido tan voraz en sus apetitos sexuales, que no se conformaba con un solo hombre, ni con dos, ni con tres. Por eso mandó que le construyeran una cama especial que la que podían entrar treinta hombres. Todos al mismo tiempo, todos para ella sola. Increíble, pero está en la historia.

 
Publicado por Silvia a las 05:00

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