Gabrielle D´Estreés, hija de Antoine IV D'Estrées ?Marqués de Coeuvres, Conde de Orbec, Vizconde de Soissons y de Berzy, Gran Maestre de La Artillería de Francia y de Françoise Babou de La Bourdaisière?, nacida en 1571, Marquesa de Montceaux, Duquesa de Beaufort y Par de Francia, Duquesa de Etampes t Maîtresse en Titre o querida de Enrique IV de Borbón, Rey de Francia y de Navarra fue, posiblemente, la única de las favoritas reales que pudo gozar no sólo del amor del monarca, sino también el de su pueblo.
Gabrielle nació en el seno de una familia de gran linaje y estirpe, aunque cuando tenía diez años su casquivana madre abandonó a su familia para ir detrás de un joven amante.
En su adolescencia conoció y trabó una fuerte amistad con Catalina de Navarra , hermana de quien sería su amante, el rey. La reina Luisa ?viuda del perverso Enrique III, rey de Francia?, Luise de Coligny, viuda de Guillermo de Orange y su amiga Catalina, presionaban a Enrique para que se casara con ella, aunque ya estaba prometido en matrimonio con Margot de Valois.
En 1591 la favorita oficial de Enrique IV era Corisande D'Andouins, Condesa de Guiche, que ya lo estaba fastidiando demasiado con sus escándalos y sus escenas de celos.
Aunque cuando fue presentada en sociedad no prestó atención a las atenciones del monarca y se casó en 1592 con Nicolás D´Amerval, un viudo que rondaba la cuarentena cuya esposa había sido prima del padre de Gabrielle. Cuando la joven se enteró de la forma en que su padre había arreglado la boda con Nicolás, se enfadó y tomó una decisión: vestida sólo con varios metros de fina seda azul se presentó una noche ante Enrique y a partir de esa noche, su historia dio un vuelco trascendental.
Su padre lo tomó a mal. D´Amerval contó que durante el corto tiempo que había durado su matrimonio no había compartido el lecho con Grabrielle y ella, por respuesta, contó a todo aquel que quería escucharlo que su ex esposo era impotente.

En septiembre de ese mismo año de 1592, la bella y decidida jovencita abandonó su hogar y marchó a Chartres, para encontrarse con Enrique.
Al poco tiempo comenzó a interesarse por política, y presionó a su querido para que se hiciera católico, ya que era lo único que necesitaba para ceñir la corona de Francia, ya que sólo si el Papa le concedía el divorcio de Margot, ambos podían hacer su vida tal como la deseaban.
En 1594 lo ayudó a triunfar en la que se conoció como La Guerra de los Tres Enriques, en la cual se enfrentó a Enrique de Guise y a Enrique III, y en septiembre de ese año la joven dio a luz a César, hijo que el rey hizo legítimo, aunque lo excluyó de la sucesión al trono. Hábil como era, forjó una sólida amistad con Margot mientras se gestionaba ante el Papa la disolución del matrimonio del rey, y en 1596 dio a luz nuevamente, esta vez a una niña: Catalina Enriqueta. No obstante el genuino sentimiento por su amado, Gabrielle se permitió vivir un corto pero apasionado romance con el Duque de Bellegarde.
Cuando España atacó a Francia sin aviso previo, saqueando y destruyendo a la ciudad de Amiens, la favorita del rey se puso del lado del pueblo y pidió que los más adinerados entregaran dinero y joyas para financiar la guerra contra el invasor, y ella dio el ejemplo desprendiéndose de sus joyas. Por más riesgosa que fuera la situación, Gabrielle no abandonó a su Enrique y resistió con él en castillo fortaleza de Beauvais donde hizo de enfermera del rey, que había enfermado.
Fue tan leal con su amante como con el pueblo y durante las acciones de guerra atendía a los enfermos y a los heridos en combate, cocinaba ella misma la comida de su amado, le zurcía la ropa y lo afeitaba. Con todos estos gestos, se ganó el amor el pueblo francés. Cuando los españoles se rindieron Enrique agradeció la valentía y generosidad de su favorita otorgándole el título de Duquesa de Beaufort.
En 1598 parió a un nuevo hijo, Alejandro, y tuvo que soportar que el Papa Clemente otorgara el divorcio a Enrique, pero a condición que se casara con la desagradable María de Médicis,
que estaba destinada a ser su segunda esposa. En su último embarazo Gabrielle,
supo que algo andaba mal. Tenía pesadillas y pérdidas importantes. El 10 de
abril de 1599, a causa de un parto prematuro dio a luz a un bebé muerto. A las
cinco de la mañana Gabrielle murió a causa de una perforación uterina producida
por el mismo médico que trataba de ayudarla. Cuentan que cuando el Enrique II
murió se le escuchó mencionar el nombre de la que había sido su amada.
Como se ve, no todas fueron luchas de poder y ambiciones personales en juego. También hubieron auténticas historias de amor.