Colección Voyeur

Viernes 20 de Mayo de 2005
Santo, pero no estúpido

Aunque durante mucho tiempo el medioevo fue sinónimo de oscurantismo, de ignorancia y de represiones, en los últimos años del siglo XX cobraron un renovado interés en medios académicos, y pese a que es cierto que el poder de la iglesia durante ese período de la historia condicionó la vida, las costumbres y la moral, la edad medieval es rica en frutos de amor platónico y carnal.
Para darse una idea de la forma en que se vivía, entre los siglos VI y IX, los representantes de la iglesia aplicaban una sanción consistente en siete años de ayuno para toda aquella mujer que confesara o fuera sorprendida masturbándose. Para los hombres, el castigo podía durar entre dos o quince años, según el caso y el pecador de turno.
Los primeros médicos y anatomistas medievales habían establecido que la matriz de la mujer estaba tapizada por un fino vello, que era el que recibía el semen del hombre y esa pilosidad era la causa por la cual las prostitutas no solían quedar embarazadas con la misma regularidad que las mujeres de su casa: ese vello que supuestamente tapizaba la matriz en las profesionales del sexo estaban tan empapadas y saturadas que los fluidos seminales del hombre prácticamente resbalaban, impidiendo la fecundación.
En muchos lugares, las mujeres de vida fácil que practicaban el oficio más viejo de la historia, la pasaron muy mal. Francia, durante el reinado de Luis IX, llamado el Santo, fue uno de esos lugares.

En 1254 un decreto de este rey mandó desterrar a todas las prostitutas, y así se hizo. Pero entonces, los consejeros del rey le informaron que se había incrementado considerablemente el negocio del sexo en forma clandestina, por lo que Luis IX lo revocó dos años después. Y es que si la prostitución se ejercía en la clandestinidad, la corona no recibía los impuestos que le significaba esa actividad.
De todos modos se reglamentó en cuáles zonas de París podían vivir y trabajar las profesionales del amor, qué ropa debían utilizar para ser identificadas y las insignias y marcas que debían llevar para ser reconocidas con facilidad y sin lugar a dudas. Por otro se ordenó que se las sometiera a un control periódico por parte de un magistrado policial a quien se conoció vulgarmente como el rey de los alcahuetes, con el fin de que no transmitieran enfermedades.
Cuando ya estaba por morir, el rey Luis IX aconsejó a su hijo, quien heredaría la corona, que renovara el Decreto de Expulsión, y así se hizo, y los resultados de implementar tal medida fueron igualmente desastrosos para el patrimonio de la corona francesa.
Claro que el hijo no había salido como el padre, que era un rey moralista, considerado un santo... pero no era un tonto obstinado que no viera la realidad. Porque al fin y al cabo el dinero, saliera de donde saliese, llegaba limpio y purificado a las arcas reales.

 
Publicado por Simon a las 05:00

Respuestas
20 Mayo 2005 - 11:58
Trini
Realmente asombroso, el concepto de los anatomistas y médicos medievales. Parece ciencia ficción. En cuanto al dinero, estaban muy bien organizados!!! Que virtuosos !!! Esta buena la nota.Gracias.
20 Mayo 2005 - 15:35
Enviar un emailCarolina
Realmente asombroso!
20 Mayo 2005 - 20:49
Enviar un emailSimon Paterson
Y esperad a ver cuando empiece con la serie del medioevo. Esto os parecerá un estudio científico, creedme. A esta altura de los comentarios, creo que os puedo dejar un beso a ambas, por vuesta cortesía. Simón.

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