Se conoce con el nombre de Afrodisíaco a todo alimento o fármaco que popularmente se consideran pasibles de aumentar la energía sexual.
Esta capacidad fue atribuida por la cultura, principalmente a todo alimento que remedara la forma de los genitales masculino o femenino –bananas o almejas–, o a todos aquellos que eran desconocidos para esa cultura.
La creencia popular –aunque en la mayoría de los casos no tiene sustento científico alguno–, produce un efecto real sobre la sexualidad, porque si la persona cree que la tendrá, seguramente la tendrá. En medicina se lo llama el efecto placebo, y esa es la razón por la cual la preparación o consumo de una comida considerada afrodisíaca produce el efecto esperado, ya que la persona se predispone para ello.
También hay que tener en cuenta que el erotismo tiene como estimulador directo a los sentidos y a las fantasías del mundo interno. Uno de los sentidos más fuertes es el del gusto, por ello un sabor grato para una persona, imbuido además de una connotación especial, producirá en la mayor parte de los casos un efecto de estimulación erógena. Tal el caso del chocolate.
Originario de América Central, su origen se remonta a las civilizaciones Maya y Azteca, y en este último también se utilizaba como moneda de cambio, por el aprecio que se le tenía, lo que lo hacía muy caro y sólo lo consumían los altos jefes o los miembros encumbrados de la sociedad.

La primera referencia que se registra respecto del chocolate es de 1502 cuando a Cristóbal Colón un jefe nativo de Guajana –actual Honduras–, le obsequia unas bayas de cacao, con la que elaboraron una bebida de sabor amargo que, a los primeros españoles les pareció desagradable.
En 1519 los aztecas volvieron a ofrecer a los conquistadores una bebida llamada tchocolat, que tampoco les supo bien, y que estaba compuesta por una mezcla de maíz molido, cacao, vainilla, pimienta y otras especias diferentes. Fueron unas monjas de Oxaca las que descubrieron que si se mezclaba el cacao con canela, o anís y azúcar, el sabor mejoraba considerablemente. El cacao llegó a Europa por primera vez en 1520.
Considerado primero como medicamento, el chocolate parece haber sido introducido en París por el cardenal Richelieu , y de allí –en 1567–, pasó a Inglaterra.

Una de las cualidades por las que se destacó el chocolate a lo largo de la historia, es por su presunta calidad de afrodisíaco. Hay registros de que Monctezuma consumía gran cantidad de chocolate antes de ir a visitar a sus muchas esposas. Madame Du Barry, por su parte, se lo proporcionaba a sus clientes primero y a sus amantes luego, y existe una creencia que fue a fuerza de chocolate que conquistó al rey Luis XIV, momento a partir del cual se transformó en la favorita que mejor vivió a costa de las arcas de Francia.

Las propiedades afrodisíacas del chocolate fueron y serán tema de discusión, pero es claro que el cacao contiene una sustancia conocida como feniletilamina, que también es producida y se encuentra en el cerebro humano, que es la que se activa cuando éste se enamora, causando una sensación de paz y alegría. De allí que una barra de chocolate para una persona cansada o deprimida, sea un efectivo remedio para levantar el ánimo.
Las primeras barras de chocolate comestibles fueron fabricadas por el suizo Cailler en 1820 y posteriormente Henry Nestlé fue quien incorporó leche al chocolate sólido, tal como lo conocemos actualmente.
De modo que, si se necesita estar predispuesto para el amor, todo parece indicar que un par de tabletas de chocolate, producirán efectos más que satisfactorios. Por lo que a mí respecta, no he registrado si me produce algún efecto, pero si un hombre quiere halagarme, con una tableta de chocolate, lo consigue.