Todo empezó aproximadamente a las nueve de la noche de ayer, sábado. Justo en el momento que me acomodaba los almohadones para recostarme, cómodamente, y mirar ?La Mala Educación?, de Almodóvar. Para quienes no son de Buenos Aires ayer sábado fue un día extraño. Frío durante la mañana, empezó a ponerse el cielo plomizo a primeras horas de la tarde y, cuando cayó la noche, esa garúa molesta, tenaz e impertinente, que humedece y empasta el humor y las calles.
En la mesa de luz unos bocadillos de jamón crudo, queso parmesano, aceitunas negras y verdes y lo que quedaba de una botella de un excelente Malbec de Benjamín Nieto Senetiner del 2003 que había quedado de una reunión de amigos de la noche anterior. ¿Qué más puede pedir una persona en una noche de sábado y sin ningún plan concretado?
No terminé de oprimir la tecla del Play en el comando a distancia, cuando sonó el teléfono. Estuve a punto de no atender y dejar que se encargara la voz falsamente cordial del contestador, pero a la quinta llamada, levanté el tubo.
?Hola, Silvia ?del otro lado del auricular, una voz conocida.
?Ah... Buenas noches ?dije. Me tomó por sorpresa.El Gran Cabronazo al teléfono.
?¿Cómo va eso? ?preguntó, cauteloso.
?Aquí, en la cama, con pijama, medias de lana y todo listo para cenar y ver una película ?contesté?. ¿Pasa algo?
Por toda respuesta, un silencio demasiado prolongado para una conversación telefónica.
?¡Hola! ¡Hola! ?creí que se había cortado la comunicación.
?Sigo acá... ?dijo, y sentí que estaba pensando muy bien qué decirme?. Mirá, como no soy hombre de dar vueltas, te lo digo directamente.
?¿Qué pasa?
?Tenés que ir a trabajar ?más directo, imposible. Es su estilo, hay que decirlo.
?¿Hoy? ¿Sábado a la noche? ¿Con este tiempo? ?cada pregunta, era un obstáculo inconsciente que iba de mi cerebro directo a mi boca y de allí salía por la línea, al oído del gran jefazo.
?Por favor ?dijo las palabras mágicas.
?Pero... ?vacilé?. ¿Pasó algo? ?imaginé un corte de luz que descalabró el sistema, un virus que aniquiló el trabajo de todo un año y todos los equipos. Lo que a uno se le ocurre en estos casos, bah.
?Te paso a buscar, y te cuento... ¿querés?
Y aquí estoy. Aquí estamos, mejor dicho. Porque él no pide nada que no esté dispuesto a hacer, escribiendo este post que se activará unos minutos después de las siete de la mañana.
En el taxi, mientras cruzábamos la ciudad rumbo a la oficina, en esta noche desapacible y húmeda, me contó cuál era la razón por la que trabajábamos en domingo.
Una recomendación en un suplemento de un diario de circulación nacional, posiblemente el más vendido, había provocado lo que para nosotros significa una avalancha de gente.
De modo que aquí estoy, contando lo primero que se me ocurrió, y para hacer los anuncios que siguen a continuación:
1) Simón ha preparado, además de todo lo que ya tiene, una serie dedicada a las mujeres de Napoleón.

2) La señora Monserrat Borrás ?que durante la semana pasada estuvo de viaje?, está con el escritorio tapado con obras nuevas, que irán apareciendo de a una en la sección libros eróticos.
3) La primicia era un secreto que decidimos revelar: se trata de la incorporación de Murron O´Connor, una pelirroja de origen irlandés por parte de padre, de madre y de abuelo, que cuando empezaba con la adolescencia, ya estaba tirando piedras a los ingleses en los hechos de Dublín de 1916. Murron ?que detesta que la llamen ?la Colorada??, será la encargada de una nueva sección que aparecerá en breve: novelas por entregas diarias, a lo Dickens.
Y acá estamos, con la ciudad aún en silencio, cuando aún no ha amanecido, preparando este post especial de domingo a la madrugada y agradeciendo la mención que nos hicieran en el suplemento ?Ñ?, del diario Clarín, incluyéndonos en una lista de lo que el redactor seguramente consideraba los Blog más recomendables. Una lista no muy larga, a decir verdad.
Y el contador del Nedstat sigue trabajando y la curva de crecimiento pegó un salto que me dejó con la boca abierta.
Noblesse obligue, decía mi abuela. El Gran Cabronazo, por supuesto, está aquí, conmigo, mirando por la ventana, en silencio y cavilando vaya una a saber acerca de qué, y aunque no se lo he mencionado advertí que, de vez en cuando, se permite una tenue sonrisa que le suaviza el rostro.
Gracias, queridos lectores. Gracias señores de la redacción del Suplemento Ñ. Aquí estamos, para abrirle las puertas a todos los nuevos amigos. En nombre de todo el Team, aquí estamos para recibirlos y para darles la bienvenida.
Silvia Bonasi