De origen plebeyo, querida por el pueblo, Nell Gwynn fue la favorita del rey Carlos II que mejor se llevaba con Catalina de Braganza, a la sazón la reina, a diferencia de Louise Portsmouth, que la irritaba y la martirizaba con su afilada lengua, provocándole prolongados e inconsolables ataques de llanto.
Por lo general, las favoritas eran odiadas a pesar que cumplían un servicio extra para el monarca, quien justificaba su existencia en los principios de la monarquía absoluta, en la que el poder le era dado directamente por Dios, por lo cual podían permitirse cualquier desliz en este mundo, sin temor al castigo celestial. Es que las amantes reales cumplían la función de placebo, puesto que cuanto más odiado era el rey, más vilipendiada resultaba su favorita, porque el pueblo depositaba en ellas todo lo que de malo tenía quien ostentaba la corona.

Pero Nell, que había nacido en el seno del pueblo, fue la excepción, a tal punto que cuando murió casi todo Londres asistió a su funeral, llevado a cabo por quien llegaría a ser arzobispo de Canterbury. Y hay que decir que estas muestras de afecto fueron genuinas, puesto que Carlos II llevaba ya dos años enterrado al momento del fallecimiento de la bella Nell.
¿Cómo fue que Carlos II se prendó de la joven actriz?
Cuando en 1660 fue restaurada la monarquía de los Stuart con la coronación de Carlos II, gran parte de las prohibiciones producto de la moral puritana que se había instaurado con el gobierno de facto de Oliver Cromwell, fueron abolidas. Entre ellas, el teatro, cuyas representaciones en público estuvieron prohibidas durante casi veinte años.
Pero Carlos había pasado mucho tiempo exiliado en Francia, y allí le había tomado el gusto a las representaciones teatrales... y a muchas de la actrices. Por ello, no vaciló al momento de estampar su firma y su sello en el decreto que aprobaba la formación de dos compañías de teatro en Londres. Nell formaba parte de una de ellas.

Se puede comprender el erotismo y la sensualidad de esta época de la Restauración monárquica en Inglaterra, si se tiene en cuenta el largo tiempo de rigidez puritana impuesta por aquellos que llevaron por primera vez a un rey al cadalso. A poco tiempo de llegar al trono el rey dio a conocer un edicto por el cual se prohibía, a los actores varones, representar el papel de mujeres en el escenario, lo que era bastante habitual si nos imaginamos un mundo donde era casi impensable que la mujer pudiera actuar en el teatro. Algunos historiadores piensan que esto se debió a que eran tantas las actrices que divertían al rey más activamente sexual de la historia de Inglaterra, que el edicto no fue más que hacerles un favor permitiéndoles trabajar en lugares que antes les estaban vedados.
Entre las más populares de las actrices que se convertirían en amantes del rey estaba Nell Gwynn, una hermosa, dulce y desenfadada joven que se había ganado la vida vendiendo frutas, y he aquí la razón por la cual fue tan querida por el pueblo. Llegar a ser una de las principales favoritas le permitía influenciar en las decisiones del rey y ¿quién mejor que ella para saber lo que el pueblo pensaba, sentía y quería?

Es bastante probable que su carrera sobre el escenario se haya debido, en gran medida, a la ayuda del monarca, y la desenvuelta jovencita terminó convirtiéndose en una de las actrices de comedia más famosas y populares de su tiempo.
Una anécdota de la época la pinta de cuerpo entero. Comediante al fin, es de imaginar que Nell debía tener un peculiar sentido del humor, al que apeló en el momento de conseguir de su regio amante un título para su hijo: "¡Ven aquí, pequeño bastardo!", se cuenta que le dijo. Y cuando el Carlos II la regañó por llamarlo así, debe haber hecho un mohín, y debió haberle explicado que no había otra forma de llamarlo, puesto que eso era: un bastardo. El rey debe haberse ido mascullando, y poco después el "pequeño bastardo" se hacía acreedor al título de duque.
Es que la bella joven se lo permitía todo, porque no pensaba en que sus actos podían traerle serias consecuencias, del mismo modo que nunca olvidó cuál era su origen y adónde estaban sus raíces: no debió sentir vergüenza de haber sido una vendedora de naranjas, ni que su madre haya sido una prostituta y se enorgullecía por eso, tanto como por la posición que había conseguido al lado del rey.

Abierta, honesta, frontal, hermosa y con una inteligencia que le permitía moverse en el artero mundo de la corte, Nell Gwynn fue, ante todo, una mujer auténtica que no se dejaba impresionar con facilidad.

Zoë Tapper, una joven debutante frente a las cámaras, fue la elegida por el director Richard Eyre, para recrear a Nell en la película "Belleza Prohibida" (Stage Beauty), estrenada en 2004, en la cual Rupert Everett interpreta al rey Carlos II.
Por cierto, y
antes de cerrar esta nota, no puedo dejar de mencionar el notable movimiento de
este fin de semana, por el sorpresivo y desmesurado crecimiento de las visitas a
nuestro blog, hecho que me regocija sobremanera.
Claro que no deja de rondarme por la cabeza una pregunta: ¿Qué? ¿Ahora también trabajaremos los domingos?