Conversando con Simón –¡El tipo es una enciclopedia temática de historia!–, me explicaba que el Medioevo, durante mucho tiempo estuvo relegado en los ámbitos académicos, por considerarlo erróneamente una época oscurantista. Pero que, en realidad, no sólo es importante por haber mantenido el patrimonio cultural de la antigüedad, sino como puente y como impulsor de las épocas históricas posteriores.
Le dije que mi interés estaba en saber cómo era considerada la mujer, en lo que a erotismo y sexualidad respecta y él, generosamente, me dio algunas pistas.
Parece ser que el hombre medieval tenía una cantidad de prejuicios y preconceptos respecto de la mujer y son éstos juicios a priori –producto de la ignorancia, las falacias y la deformación religiosa–, los que llevaron a la mujer a ocupar un lugar nada envidiable, visto desde nuestra óptica.
Un ejemplo: el hombre medieval explicaba que la mujer era más voluptuosa y con un apetito sexual más fogoso que el hombre, porque su placer es consecuencia del goce que le produce el sentir el esperma del hombre y el suyo propio. (¡!)

Otro ejemplo: el hombre siente un placer más intenso porque el semen es más templado que el de la mujer...
¿Una más? El hombre medieval estaba convencido que la mujer de cara pálida y pechos muy grandes, aunque en apariencia más sensuales, eran más frías a la hora del amor. Mientras que las de tez más lozana, y con senos pequeños, eran las que vivían los placeres de la cama con mayor apasionamiento.
Basta echar una ojeada a la ilustración, para confirmar que el modelo estético se correspondía con estas creencias. Nótese cómo el artista ha resaltado la protuberancia de los senos y, en ellos, de los pezones que parecen estar erectos.
Esto me lleva a reflexionar que, definitivamente, no hay nada nuevo bajo el sol.
Y que este fin de semana las cosas volvieron a la normalidad, después de los sofocones del anterior y no me sacaron de la cama en medio de la noche :-]
Besos y abrazos para todas y todos.