Colección Voyeur

Jueves 16 de Junio de 2005
Los amores de la duquesa

Algunos personajes femeninos de la historia en algunas oportunidades, están cubiertos por un velo legendario. La vida de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, decimotercera duquesa de Alba, es una de esas mujeres.
En su tiempo se le endilgó el ser tradicional y superficial, trivial, desbaratada, licenciosa, atrevida e impúdica, aunque en realidad se sabe muy poco de su vida, que no fue larga, pues murió a los cuarenta años.
Nació el 10 de junio de 1762 en Madrid, cuando sus padres ya creían que su matrimonio era estéril y desde pequeña fue frágil, delicada y enfermiza, aunque en su juventud y en su vida adulta compensaría esta condición con un entusiasmo por la vida poco común y un gran encanto personal. Cayetana había nacido con ese toque especial de glamour que sólo algunas mujeres traen de la cuna.
Nacida en el seno de una familia ilustrada, su madre se ocupó de su educación intelectual que con el tiempo harían que la duquesa de Alba fuera dueña de una exquisita preparación cultural.
Cuando murió su padre, María del Pilar Ana de Silva, su madre, volvió a casar con Joaquín Pignatelli de Aragón y Moncayo, conde de Fuentes, que había enviudado. Y en ese año de 1774 no fue solamente la boda de su madre la que se celebró, sino la de la joven Cayetana, a la sazón con catorce años de edad, que contrajo enlace con José María Álvarez de Toledo y Gonzaga, su primo hermano, que era un joven distinguido, cultivado, melómano y muy bien vinculado con la realeza por su amistad con don Gabriel, el más querido de los hijos del rey Carlos III.

Si algo está comprobado fue que ese matrimonio no fue dichoso. Cayetana era impetuosa, enérgica, vital e impulsiva mientras su esposo era un melancólico reconcentrado al que sólo parecía interesarle la música. Pero si no fue una unión feliz, sí fue provechoso para la joven duquesa, que consiguió la libertad que no habría tenido estando soltera, puesto que los usos de la moral del siglo XVIII obligaban a una joven soltera la compañía omnipresente de la madre y un comportamiento adecuado, recatado y sumiso.
Por el contrario, una mujer casada podía disponer de su vida, entrar y salir de su casa sin dar explicaciones, disponer de su patrimonio y hasta tener un festejante o chevalier servant, que la acompañara con galantería y que, en la apariencia, no pasara de eso, aunque en la intimidad fuera mucho más lejos.
Fue en la puritana corte de Carlos III donde Cayetana fundó su leyenda, puesto que frecuentaba apropiadamente disfrazada bailes y fiestas populares; corridas de toros y quizás hasta lugares non sanctos. Y aunque no faltaba a sus deberes cortesanos, se cargó una enemiga de cuidado: María Luisa de Parma, princesa de Asturias, que por ese tiempo era una hermosa joven muy sensual, que tenía como objetivo compartir los favores del hermanastro de Cayetana, Juan Pignatelli y Gonzaga , que inició su historia de amor con Cayetana que no pasó de amor galante, pero que para su hermanastra fue posiblemente el más importante de sus amores.

En 1795 Francisco de Goya y Lucientes, el pintor de moda en Madrid, no pudo sustraerse al pedido de la joven Cayetana, y realizó retratos de los duques de Alba de cuerpo entero. A partir de entonces no dejó de frecuentar la casa de la duquesa.
Cuando la retrató, Goya se enamoró perdidamente de ella y, difícil como era de carácter, se transformó en un hombre posesivo y celoso que ?después de la muerte del duque en 1796?, llegó a compartir con la duquesa el tiempo pasado en Andalucía. Se dice que cuando Goya se presentó para presentarle sus respetos por la muerte de su marido, ya no volvieron a separarse.
Y aunque el idilio no duró demasiado, y fue tan pasional como efímero. Goya tenía un carácter intolerante, era un hombre amargado por su sordera y hasta violento, mientras que Cayetana seguía siendo vivaz e independiente, por lo que las disputas que se sucedían más a menudo acabaron con la relación.
Pero en 1814, cuando aparecieron entre los bienes de Manuel Godoy el todopoderoso ministro las dos Majas ?la desnuda y la vestida?, y aunque no puede asegurarse que en verdad fuera la duquesa de Alba la modelo del pintor, se desató el escándalo.

Goya debió comparecer ante el tribunal de la Inquisición, su Maja Desnuda permaneció oculta hasta 1900 y, tal era el erotismo del cuadro, que la leyenda de la duquesa de Alba comenzó a confundirse con la historia.
Después de su relación con el pintor, la duquesa de Alba mantuvo relaciones con un oficial del ejército y en julio de 1802, poco después de cumplir los cuarenta años, murió de fiebres, mientras sobre España se cernía la amenaza de una feroz epidemia de gripe.
Hay quienes opinan que su enemistad con la que fue reina de España, provocó su asesinato. Otros opinan que se envenenó sin quererlo con los afeites que usaba para disimular el paso de los años.
Como sea, historia o leyenda, sea ella o no La Maja Desnuda y La Maja Vestida , desde el cuadro, la duquesa de Alba parece mirarnos con esos enigmáticos ojos oscuros pletóricos de vida.

 
Publicado por Simon a las 05:00

Respuestas
16 Junio 2005 - 13:14
Gabriela
Que guapa, que historia, que pintor, cuantas personas en una historia de amores y arte. Que belleza!!!
16 Junio 2005 - 17:55
Enviar un emailCarolina
Cada epoca de la historia tiene entre sus lineas a personas fascinantes. La Duquesa de Alba no fue la excepcion.
16 Junio 2005 - 23:55
Natalia
Hola, tenía ganas de pasar por aquí, para decirles que con la lluvia en Bs.As.las calles estan empastadas, pero al ver esta historia pueden imaginarme tendida en mi sofá, con la calidez del lugar, en lo cotidiano, y en este mismo momento, cuantas majas.. por Dios... amigas mias...
17 Junio 2005 - 07:38
Enviar un emaileros
Esta historia si la conocía mejor, es una figura muy importante por aquí... un ejemplo de lo que fue una señora con clase española y con una rareza deliciosa, el ser curiosa por la vida, el amor, el pueblo en un momento tan riguroso y puritano... Los Duques de Alba son hoy por hoy la familia más noble española... una pena que la actual Duquesa no tenga absolutamente ninguna de las virtudes de su antepasada!
17 Junio 2005 - 11:31
Enviar un emailSimon Paterson
Gracias a todos, por vuestros comentarios. Si a Natalia le ha servido en una noche brumosa, pesada y de calles empastadas, y a Gabriela la ha emocionado, he logrado, una vez más, mi cometido cotidiano. Un abrazo para todos. Simón

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces