Una buena amiga que sigue nuestra trayectoria, día a día, me envió un correo y, entre otras cosas, me decía: “¿Querés que te de un tema? Es un tema erótico-histórico, creo: Drácula y los vampiros. El placer erótico entre los vampiros y entre los humanos que son víctimas de los vampiros. Especialmente las mujeres, por las que los vampiros parecen tener predilección. Muchas me dijeron que les produce un extraño placer fantasear con ello. Qué se yo porqué a las mujeres las erotiza Drácula. Supongo que es porque todos tenemos nuestro lado oscuro, y a las mujeres les debe dar por ahí, ¿no? A mí, personalmente, no sé si me erotiza –tendría que probarlo una noche de éstas, fantaseando con ello–, pero me encanta el conde”.

En ese momento caí en la cuenta de que cuando fui al estreno del film de Francis Ford Coppola,
hubo una escena que me puso de vuelta y media. Recuerdo que empecé a moverme en el asiento, como si se hubiera llenado de hormigas el asiento y mi entrepierna.
Es la escena en la que Drácula –espléndidamente interpretado por Gary Oldman–, se convierte en hombre lobo y en una noche de tormenta somete a Lucy –la pelirroja y desenfadada aristócrata amiga de Mina–, en el pedestal –me lo imagino, ahora, como una de esas antiquísimas piedras de sacrificios paganos–, que está justo en medio de un laberinto.

Con el paso del tiempo y luego de haber conversado acerca del tema con varias amigas y conocidas, las estadísticas me dicen que en el 99,9% de los casos, esa imagen le dio vuelta el seso y le trastocó el nivel de endorfinas a mujeres de todas las edades. De las que yo conozco, la menor tenía 18 cuando vio el filme y la mayor, ahora tendrá unos 57. Una sola se atrevió a confesar –es sabido que las mujeres no somos muy afectas a desvelar nuestras fantasías más profundas–, que había comprado primero el video y luego el DVD para su colección personal y que cada vez que miraba esa escena, quedaba trepándose por las paredes.

Pues bien, algo ha de tener, porque de todo
el merchandising que se hizo del mencionado filme, después de pasarme un tiempo en la web, encontré que se hicieron las maquetas de esa escena, la de Lucy y el Hombre Lobo cuando el príncipe
Drácula se convierte en un magnífico ejemplar de lobo, en esa noche de tormenta.
No cualesquiera otra escena. Precisamente esa.
Y me llama la atención, porque el filme tiene otras escenas también
extremadamente eróticas, como por ejemplo la de Keanu Reeves con las mujeres vampiros, en el castillo, en ese sobrenatural ménage a quatre de pesadilla. Vuelvo a preguntarme: ¿por qué hicieron las maquetas del Drácula-Hombre Lobo y Lucy?

¿Alguna de ustedes tendrá el valor y la sinceridad de hacer los comentarios pertinentes en nuestro blog? Pero hagamos un trato: no vale mentir, ¿eh?
Y a nuestra lectora amiga, una pregunta: ¿estás segura que Drácula no te erotiza?
Y si no te erotiza... ¿cómo se te ocurrió mencionarme el tema, eh, eh? El inconsciente me sigue maravillando.