Colección Voyeur

Martes 28 de Junio de 2005
Los dueños del beso

La primera vez que los vi, recuerdo haber esbozado una sonrisa. También sonreía una pareja de esas que hacen que creamos que todo tiempo pasado fue mejor. Una pareja mayor, quizás llegando ambos a los ochenta, que caminaban por el parque tomados de la mano. Se detuvieron a mirar a esa otra pareja, la de los besos en el parque.
Era un sábado al mediodía y amenazaba lluvia y estaba fresco. A ellos no parecía importarles ni la brisa demasiado fresca ni las nubes ni la lluvia inminente.
No puedo describirlos, porque no les vi la cara. Quizás él fuera un poco mayor que ella, por el cabello salpicado de canas, aunque es una inferencia nomás, porque en realidad casi no se los identificaba, de tan fundidos que estaban en ese beso interminable.
Un beso de esos que se dan con la boca, con el cuerpo y con el alma. Un beso que parece no tener fin. Un beso apasionado como pocos de tan intenso. Un beso como los de las películas en blanco y negro. El beso que define a los que se aman y no les interesa adónde están ni quiénes los miran ni qué piensan. El beso que deja al mundo afuera, porque lo único que interesa es la unión, el abrazo acogedor, la caricia de los labios propios con los labios del otro.
Esa primera vez los descubrí, me llamaron la atención tanto como los viejitos que los miraban sonriendo –diría que casi con complicidad, quizás recordando otros besos de otros tiempos–, y me limité a seguir mi camino.
Pero cuando al sábado siguiente volví a encontrármelos, primero sentí curiosidad e inmediatamente me invadió una cálida ola de ternura. Acto seguido, empecé a imaginarme las razones que los llevaba a estar allí lo sábados, besándose.

Ni tocándose, ni frotándose, ni restregándose el uno contra el otro. Besándose. Nada más, nada menos.
Porque estaban igual que el sábado anterior: ajenos a todo, más allá de la realidad de los hombres y mujeres que suelen hacer jogging en ese sector del parque, de los niños con sus mamás y los paseadores de perros, fundidos en un beso que, hasta donde vi, no parecía tener final.
Abrazados y quietos, sentados en uno de los escalones de piedra, uno frente al otro, se limitaban a esa maravillosa caricia, tan erótica como tierna, que es el beso. Ese sábado el sol mitigaba el frío del invierno recién llegado que ellos ni siquiera debían percibir, de tan ensimismados.
Una semana después, es decir este sábado que pasó, necesitaba ver si estaban ahí, en el escalón, más allá del mundo y sus cosas, dedicados exclusivamente a besarse. Hacía más frío que los dos sábados anteriores y en el cielo, oscuros nubarrones presagiaban tormenta.
Y sí. Efectivamente, allí estaban, como los dos sábados anteriores. En el mismo lugar, más allá de la realidad circundante, en su mundo de caricias y bocas que se rozan, se friegan, se frotan y se devoran la una a la otra.
Si no fuera por ese casi imperceptible movimiento de los músculos de la cara y de una fugaz visión de las lenguas acariciándose, diría que no son reales. Que bien podrían ser una de las estatuas del parque. Una alegoría de la pasión.
Pero no, son de carne y hueso. Están ahí los sábados vaya uno a saber porqué.
Es la pareja que se besa en el parque los sábados a media mañana. Se me ocurrió llamarlos así: los dueños del beso.
Me parecen maravillosos.
Por supuesto, los voy a ir a buscar el próximo sábado. Tengo la certeza que estarán ahí, en el escalón de piedra, rindiendo su homenaje semanal al amor en ese beso del que, a esta altura de los hechos, no conozco ni el principio ni sé si tendrá fin.

 
Publicado por Silvia a las 05:00

Respuestas
16 Junio 2007 - 09:56
Enviar un emailANGEL...
Que lindo homenaje a los dueños del beso... Que maravilla es leer esto hoy a horas de celebrar el día del padre... Y desde aquí mismo; si me lo permites Silvia, voy a dejar un saludo a todos los padres que conforman VOYEUR y a todos los que visitan diariamente este maravilloso blog. Para todos ustedes ¡MUCHAS FELICIDADES! QUE TODOS LOS REGALOS ESTEN LLENOS DE BESOS!!!!!!!!!!!!! No puedo apartar mis preferencias por un "Papi" ...jajjjaja Un beso Especial para Simón... Un niño le dijo a su padre: Cuando pensabas que no te veía, te sentí darme un beso por la noche y me sentí amado y seguro...

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