Colección Voyeur

Lunes 04 de Julio de 2005
El erotismo de la intimidad

Un brumoso sábado de invierno, con densos nubarrones y  niebla que cubre la parte más alta de los edificios.
Revivo el momento. Está ahí, inalterable, en mi memoria.
Afuera, la bruma y el frío. Adentro, el ambiente cálido, y desde los parlantes del equipo de música, el “Canon” de Pachbel, Albinoni y Rachmaninoff. La música, tan envolvente como las manos expertas de ese hombre que sabía exactamente que a las mujeres el romanticismo de los preliminares, nos puede.
Desde el rito de desvestirnos el uno al otro mirándonos a los ojos –¿cuántas parejas saben que se puede hacer una erótica ceremonia con el simple hecho de desvestirse?–, hasta la languidez que sobreviene a los fuegos de la pasión aquellos sábados de invierno tenían una magia especial.
A la distancia, no sé qué era más gratificante: si el hecho de hacer el amor con, sabiéndonos a cobijo de uno de esos días tan desapacibles, o juguetear como niños después, entre las sábanas revueltas hasta que, exhaustos, nos dormíamos el uno en los brazos del otro, las piernas entrelazadas, “haciendo patitas”, que era como le llamábamos a restregarnos los pies hasta que se nos cerraban los ojos.

En esos brumosos y fríos fines de semana el erotismo se vestía de intimidad y, al despertar, corríamos hacia la cocina –yo con un suéter de él que me quedaba demasiado grande y medias de lana hechas un bollo en los tobillos–, y preparábamos una fuente de fiambres, quesos y aceitunas. Calentábamos el pan en el horno y como por arte de magia aparecía una botella de Sirah que había estado esperando acostada, ser descorchada en un día como ése.
La bandeja preparada, el pan caliente, el vino y las copas de cristal era todo lo que necesitábamos para volver a la cama, sin importarnos si la llenábamos de miguitas, mientras mirábamos una película en video.
En esos desapacibles días de invierno, con el viento haciendo remolinos de llovizna helada afuera, no podíamos pedir nada más que aquello que teníamos para disfrutar en compañía: el amor, comer en la cama y la película cuando ya empezaba a caer la noche.
Inolvidables momentos de indescriptible felicidad, en los que el erotismo empezaba con la premura en quitarnos la ropa el uno al otro, entregarnos a las caricias compartidas y trepar de la mano hasta la cima del placer, y terminaba con esos ritos –maravillosos de tan simples–, de incomparable intimidad.

 
Publicado por Silvia a las 05:00

Respuestas
04 Julio 2005 - 10:39
Enviar un emailgeorgina
No es la primera vez que leo algo escrito por Silvia,y ciertamente,que mal redacta y escribe.No me gusta para nada. Georgina
04 Julio 2005 - 11:47
Enviar un emailfelipe
La redención de la ternura, la sima y la cima, el viaje siempre al otro; el encuentro y la entrega. volver a lo simple.
04 Julio 2005 - 12:46
Enviar un emailSilvia Bonasi
Gracias Georgina por tu comentario. Veré cómo puedo hacer para entrar en los parámetros de tu criterio estético. Hago lo que puedo. En cuanto a tí, Felipe, eso exactamente (aunque parece que con ninguna cuota de talento) es lo que quise transmitir. Un afectuoso saludo. Silvia
04 Julio 2005 - 13:30
Enviar un emailMagda
Definitivamente estoy convencida de que nada como el erotismo entre una pareja, el lenguaje de los cuerpos que revelan... Un beso Magda (Apostillas) P.D. Veo que han puesto también un croll, se ve precioso, felicidades.
04 Julio 2005 - 16:13
Enviar un emailGeorgina
Silvia: No fué mi intención agredirte ni hacerte sentir mal.Solo es mi opinión.
04 Julio 2005 - 22:19
Enviar un emailAdriano
Sin duda lo mejor de la sensualidad y de la entrega está en compartir su cotidianidad. Leer eso me hizo recordar que no siempre fui un témpano. Recordé otra vez que recordar cosas así produce en mí un deshielo, y se libera un cálido alivio... saludos
05 Julio 2005 - 00:05
Enviar un emailSilvia Bonasi
Gracias, Magda, por tu comentario y por tus buenos deseos. Adriano, si he logrado despertar esos recuerdos en tí, muchacho, es que si te sientes un témpano, puedes dejar de serlo. Te mando un abrazo. Y en cuanto a ti, Georgina, como se dice por ahí, no hard feelings. Estás en tu derecho a opinar, que para eso es un BLog con comentarios. De lo contrario, esta casilla no estaría habilitada. Un beso a los tres. Silvia
05 Julio 2005 - 09:25
mama bambi
Silvia: Si tenes qué decir, ésto se abrirá paso por sí solo. Qué importa el estilo. Tus palabras tienen corazón, y eso es GRANDE. Gracias por tu entrega al abrirte de ese modo en tus posts.
05 Julio 2005 - 17:33
Enviar un emailSilvia Bonasi
Gracias por tu aliento, Mama Bambi. De eso se trata, de abrir esos pequeños cofres de mi corazón, donde guardo las joyas más preciadas: la de los recuerdos hermosos con hombres que he conocido en la vida. En un mundo donde cada vez están más enfrentados el hombre y la mujer, rescato el hecho incontrovertible que no nacimos macho y hembra para competir, sino para complementarnos. Y lo digo como puedo, y como me sale. Un beso, Silvia
05 Julio 2005 - 20:56
Gabriela
Que hermoso, Silvia, ojalá, la vida pudiera sostener esos momentos.Yo los extraño michísimo.
06 Julio 2005 - 00:23
Enviar un emailSilvia Bonasi
Es mi deseo, Gabriela, que sea como sea, puedas volver a vivirlos un día de estos, el menos pensado, el menos esperado. Recuerda la caja de Pandora: cuando salieron todos los males y tribulaciones de este mundo en el fondo, quedaba la esperanza. Te mando un abrazo y un beso. Silvia

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