Colección Voyeur

Miércoles 06 de Julio de 2005
Mujer Medieval Modelo

Para terminar con la serie (antes de comenzar con los amores de Napoleón Bonaparte), es pertinente hablar del arquetipo de mujer en el medioevo.
En el hogar, la mujer debía seguir reglas que eran consecuentes con la taciturnitas, que la obligaban a mantener una actitud virtuosa, que se caracterizaba por la parquedad en la expresión. Esto es: hablar poco.
Un ama de casa medieval que se preciara de tal, sólo podía hablar en caso de necesidad, dirigiéndose a su hombre o a sus padres con absoluta humildad.
Naturalmente, no debían tomar la iniciativa en la conversación. Tenían que esperar ser interrogadas y entonces sí, contestar.
La palabra escrita –muy pocas mujeres sabían leer y escribir en esos tiempos–, también les era negada, tal como lo prescribe en su obra Les quatre áges Felipe de Navarra: “La mujer no debe aspirar a leer ni a escribir, sino a convertirse en monja, porque muchos son los males que han derivado del leer y el escribir de las mujeres”.

De tal manera, la situación podría sinterizarse en: “la mujer, a la cocina”, lugar en el cual tampoco podía permitirse cantar mientras se esmeraba en sus labores. Las esposas decentes no debían perder jamás su dignidad, para lo cual tenían que esforzarse en reprimir sus impulsos eróticos, que se manifestaban –según los censores religiosos–, de diferentes maneras.
Las normas sociales aceptables, imponían el pudor por sobre cualquier actitud. Para ello, la mujer no debía maquillarse ni vestirse con ropas provocativas, no divertirse en exceso, comer poco, moverse con cuidado y moderación evitando todo gesto de voluptuosidad y bailar con la debida compostura, cantando sólo “de manera decente” (¿cuál sería, me pregunto, una “manera decente” de cantar?).
Estas normas tenían sustento en la comparación que –a principios de 1200­–, hiciera el predicador Jacques de Vitry, según las cuales los cantos y las danzas de las mujeres eran similares a los de los ritos diabólicos que se mofan de las ceremonias religiosas, en las que la mujer que inicia el canto es la “capellana del diablo” y las que le responden, son las sacerdotisas.
La moderación y el recato, en la calle, se corregían y aumentaban, puesto que no era lugar propio de la mujer sino del hombre, por lo que era un lugar plagado de tentaciones que la mujer decente sólo debía frecuentar si era absolutamente necesario. Exhibirse en público en demasía, ponía automáticamente en tela de juicio la reputación de la mujer medieval.
Otro religioso, Egidio Romano, opinaba que la mujer que estaba habituada a estar en la calle y a mantener relaciones sociales, perdía su natural recato y ponía en riesgo su castidad. Sin su proverbial timidez, según el teólogo, la mujer se transformaba en “uno de esos animales salvajes que, una vez habituados a la compañía del hombre, se vuelven domésticos y se dejan tocar y acariciar por cualquiera”.
Como se ve, el marco teórico de los censores en el medioevo, además de tenebrosamente machista, se oponía a la naturaleza, transformaba en pecado la alegría de vivir y buscaba encorsetar la naturaleza misma.

En tal sentido el erudito Averroes de Córdoba –que para infortunio de la humanidad vivió casi ochenta años–, haciendo gala de una imaginación sin límites, impuso la creencia que una mujer podía quedar embarazada si se bañaba con el agua en la cual hubiera eyaculado un hombre.
¿Una locura? Hasta hace pocos años –en la segunda mitad del siglo XX–, algunas madres convencían a sus hijas que podían quedar embarazadas por sentarse en la tabla del inodoro. ¡Hay que ver las idioteces que han dañado el cuerpo, la mente y el alma de generaciones enteras de hombres y mujeres!

 
Publicado por Simon a las 05:00

Respuestas
06 Julio 2005 - 11:18
Enviar un emailfelipe
la manera decente... la etiqueta maniqueo-cristiana para someter a la mujer al capricho celoso y machsita. A veces tendremos necesidad de reconocer a las causas feministas...un poco de razón histórica. En nombre de la decencia se han cometido muchos crimenes, los peores contra la estetíca
06 Julio 2005 - 14:08
Enviar un emailSimon Paterson
Estimado Felipe: he aprendido durante mi vida que detrás de cada censor o represor se esconde una personalidad frustrada que, precisamente por su insatisfacción, despliega su perversidad en forma de censura, violencia y condena. Es decir: como yo no puedo hacerlo, es pecado. El viejo método de la Iglesia Católica Apostólica y Romana. No del cristianismo, que es otra cosa. Gracias por tu comentario, un abrazo. Simón.
06 Julio 2005 - 17:50
Enviar un emailCarolina
¿ Cual seria la concepcion de DECENTE?
06 Julio 2005 - 21:48
Gabriela
Hoy me decía mi hijo de 20 años, las opiniones, son eso, tenemos esa libertad, el me enseña, yo le permití que pensara, pero le digo, soy mujer, pienso y opino como mujer, y vos como hombre, sensiblilidades distintas, el tiene la suerte de no conocer la represión, ni sexual, ni de pensamiento, pero si conoce el condicionamiento económico, igual que en el medioevo, Cuál será la actitud a cambiar? Perdón, los límites de la decencia, los tiene alguién? a mi se perdió ese tomo... el que lo encuentre me lo manda, porfavor!!!
06 Julio 2005 - 23:44
Enviar un emailSimon Paterson
Yo estoy buscando el tomo también. Y algún condenado prestidigitador me lo ha birlado. Los límites de la decencia (más allá de los cambios morales que se dan en largos períodos históricos) son como la hoja de una navaja muy afilada. Como la ley. Como los juicios de valor. Pero, queridas amigas, les pido que se ubiquen en la época histórica. Traten de hacer un viaje en el tiempo, y situarse allí. Les recomiendo un excelente libro para hacer el ejercicio: "Los Pilares de la Tierra", de Ken Follet. Las ubicará un ratito antes que Enrique II llegara al trono de Inglaterra. Traten de sentir y vivenciar la época. Traspolar, conduce al error de juicio también. Mi afectuoso saludo. Simón.
01 Mayo 2008 - 08:47
Enviar un emailYo
En fin... Les recomiendo la lectura de un historiador, Georges Duby, antes que la de un novelista. El libro del que les hablo es "la Invención de la Edad Media". Allí les explicarán claramente y de forma amena cómo se utilizó y manipuló la historia medieval sólo para favorecer ciertos intereses de la Época Contemporánea.
01 Mayo 2008 - 11:02
Enviar un emailSimon Paterson
Sí, Yo-Yo, claro, y de paso también le recomendamos "La alta edad media", de Jan Dhondt; "La baja edad media", del mismo LeGoff, y "Los fundamentos del mundo moderno / Edad media tardía, reforma y renacimiento", de Ruggiero Roman y Alberto Tenenti ¿No le parece? ¿Quiere que siga citando obras? Claro que la historia es mejor aprenderla de un historiador, el caso es que no a todos les gusta la historia, entonces el libro de Follet, en mi opinión, es mejor que nada. Feo que queda, jugar a defecto. Simon
01 Mayo 2008 - 11:30
Enviar un emailAngel
YO...recorro la historia de manos de mi "Historiador Preferido"...Simón... ¿Han oído ustedes contar la historia de boca de Simón? YO tengo ese Privilegio del que disfruto...tambien plenamente ;=) Feliz Día para todos los trabajadores de Voyeur y tambien a nuestros lectores. Angel.
01 Mayo 2008 - 11:38
Enviar un emailAngel
Gracias YO, querida amiga por tu comentario un bezote y Feliz Dia para vos Tambien... Angel

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