Colección Voyeur

Jueves 14 de Julio de 2005
Los amantes de la reina


La muerte de Fernando VII que no dejó descendencia masculina, desató un grave pleito familiar en España, que se zanjó por la fuerza de las armas, en la cruenta disputa por el trono. Finalmente, la elegida fue Isabel II, cuyo reinado se transformó en un infierno de intrigas y golpes de estado, además de que su prestigio personal se vio afectado por los escándalos en su vida privada y por el favoritismo que mostraba hacia el partido moderado de los que abogaban por una monarquía constitucional.
Desde que tenía tres años, la boda de Isabel fue un asunto de estado. Fueron muchos los nombres que se barajaron, para el futuro esposo de la reina. Finalmente, el elegido fue su primo hermano, Francisco de Asís, el menos indicado, ya que nunca pudo satisfacer la fogosidad de la reina.
¿Por qué se lo eligió? Posiblemente porque, a diferencia de otros candidatos, quienes manejaban las riendas del poder, creían que sería el que traería menos inconvenientes. Lo que no resultó acertado en absoluto, ya que la joven Isabel sentía aversión e incluso repugnancia hacia su primo, a quien la mitad de España señalaba como homosexual.

“¡No, con Paquita no!”, dicen que exclamó Isabel, cuando se enteró que se lo había elegido a su primo. Y parece que su amargura fue tanta, que hasta amenazó con abdicar. Como fuere, la boda se celebró el 10 de octubre de 1846, el mismo día en que Isabel cumplía dieciséis años y fue simultánea con la de su hermana, la infanta Luisa Fernanda con el francés Antonio de Orleáns, duque de Montpensier, que se transformó en su ambicioso cuñado, uno de los personajes más desestbilizadores del reinado por sus pretensiones al trono quien patrocinaría, veintidós años después, el golpe de estado que derrocaría a la reina.
Quizás todo se debiera a que Francisco de Asís sufría de hipospadia, un defecto que aparece en el pene cuando el conducto de la uretra no se abre en el extremo del glande. Se comentaba que “Paquita” tenía que hacer pis en cuclillas, como las mujeres, y el pueblo se burlaba cantando esta copla: “Paco Natillas / es de pasta y flora / y mea en cuclillas / como una señora”.
Isabel era explosiva hasta la violencia, franca y contradictoria, mientras su esposo real era frío, especulador, solitario y muy débil, y a poco de celebrado el matrimonio, la reina comenzó a coleccionar amantes y por su alcoba desfilaron sin mucha discreción, y hasta con insolencia, muchos favoritos que satisfacían los ardores y el apetito sexual de la reina, una mujer bella, fuerte y fogosa. A tal punto llegó la impertinencia, que el escritor Merimée advirtió públicamente: “... si Francisco no es capaz de darle hijos a Isabel, la Reina jamás carecerá de súbditos dispuestos a satisfacer sus necesidades”.

Entre los favoritos más conocidos se puede nombrar al general Francisco Serrano, al capitán Enrique Puigmoltó, al diputado Carlos Marfori y al poeta Miguel Tenorio, entre otros tantos que dieron prueba de esa disposición para darle al trono de España un heredero.
Es opinión de la mayoría de los historiadores que el verdadero padre de su hijo Alfonso fue el capitán Puigmoltó, un apuesto y joven militar que aprovechó su lugar en el lecho de la reina para promocionar su carrera. Pero cuando estalló el escándalo, el propio confesor de Isabel le recomendó alejarlo de su lado, por lo que fue destinado como agregado militar en la embajada española en Londres.
Isabel quedó embarazada en once oportunidades, pero sólo cinco de sus hijos alcanzaron la edad adulta: cuatro niñas y el niño que llegaría a ser el rey Alfonso XII.
Los escándalos, las intrigas de su cuñado y el desgaste político y social de la corte y el reino mismo, precipitaron su caída. Dicen que, exhausta y harta de tanta manipulación, se la oyó decir: “No puedo más”, poco antes de partir para su exilio en Francia, en setiembre de 1868, acompañada de Carlos Marfori, el último de la larga lista de amantes.
Cuando tuvo que elegir entre el deber y el amor, consecuente al fin con su vida, Isabel II se dejó llevar por la pasión, y eligió el exilio, abdicando a favor de su joven hijo Alfonso, un muchacho de aspecto frágil y carácter taciturno y formal.
Mucho antes Francisco de Asís, el marido impuesto, se había enamorado de Antonio Ramón Meneses y había pasado al olvido.
Pese a que pudo volver a España, terminó retirándose definitivamente en París desde 1877 hasta marzo de 1904, cuando una fuerte gripe la obligó a recluirse y el 9 de abril falleció esa mujer a la que se llamaría “la reina de los tristes destinos”.

 
Publicado por Simon a las 05:00

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