Viaje infinito
La mano que te busca en la penumbra
se detiene en la tibia encrucijada
donde musgo y coral velan la entrada
un río de luciérnagas alumbra,
para el que con incendio se ilumina,
cósmico caracol de azul sonoro,
blanco que vibra un címbalo de oro,
último trecho de la jabalina,
sí, portulana, fuego de esmeralda,
sirte y fanal en una misma empresa
cuando la boca navegante besa
la poza más profunda de tu espalda,

suave canibalismo que devora
su presa que la danza hacia el abismo
oh laberinto exacto de sí mismo
donde el pavor de la delicia mora.
agua para la sed del que te viaja
mientras la luz que junto al lecho vela
baja a tus muslos su húmeda gacela
y al fin la estremecida flor desgajada.
De :”Salvo el crepúsculo”
Nuestro agradecimiento al lector Arnold, que se ocupa de encontrarnos estas joyas literarias de erotismo.