Colección Voyeur

Viernes 29 de Julio de 2005
Ménage à trois de pesadilla

Una hora más tarde volvió a aflorar a medias a la superficie y vio a Callie de pie en el umbral de su habitación, su cuerpo perfilado a través de la camisa que llevaba, gracias a una luz encendida en el pasillo, a sus espaldas. Trató de incorporarse, pero fue como si el cuerpo le pesara quinientos kilos. No podía mover las extremidades. Ella se quitó la camisa por encima de la cabeza, se acercó a la cama, apartó la sábana y se quedó mirándolo. La cara interna de sus muslos resbaló en el sudor de él cuando se lo montó a horcajadas sin decir palabra y se separó los labios del coño con la mano izquierda. Con la derecha, le agarró la polla y guió el glande hasta su vagina. Él seguía sin poder moverse. Los músculos le colgaban de los huesos como si los tuviera hecho de harina. Ella se inclinó hacia delante, le agarró por la cintura y un hombreo y tiró para que la penetrara a la vez que resbalaba sobre él, para volver a dejarlo salir. Y vuelta a empezar. Y otra vez. Él se sintió como si lo hubieran sacado de una cuna que jamás dejara de mecerse.

El colchón se hundió cuando Luther subió encima de la cama y se arrodilló detrás de Callie, a horcajadas sobre las piernas de Grimes. Éste estuvo a punto de correrse cuando Callie se volvió y besó a Luther ferozmente. Varios mechones de cabello húmedo se le pegaron al cuello. Cedió a la presión de una mano apoyada en su espalda y se inclinó hacia delante por completo. Grimes sintió su aliento en la cara y sus dientes en el mentón. Miró la cara de Luther y le pareció adorable, aterradora, una colección de sombras cambiantes y ángulos cortantes que relucían a la luz del pasillo. El cabello, largo y aceitado, brillaba también en la penumbra. Grimes no pudo verle los ojos. Luther colocó ambas manos en las caderas de Callie para sujetarla, y se inclinó de modo que su cara se posara encima de sus nalgas. Dejó que un hilo de saliva cayera de sus labios hasta la hendidura, entre ellas. Apartó la mano derecha de la cadera y trazó un lento movimiento circular más allá del campo visual de Grimes, mientras éste la sentía respirar contra su cuello con breves jadeos. Se tensó, gimió contra su hombro, se relajó, volvió a gemir. Grimes quiso unirse a ellos y dar voz a su placer cuando sintió la presión del pene de Luther contra el suyo, a través de la pared posterior de la vagina. Pero seguía desvalido, recién sacado de la cuna, sin poder moverse.
Grimes cerró los ojos. La armonía del movimiento lo envolvió como si fuese el incesante mecerse del océano. Se le habían llenado los oídos de sonidos humanos, entremezclados y líquidos. Luther y Callie. Los amaba a los dos. Sintió que Luther se ponía rígido y que se estremecía al correrse en el recto de Callie. Un instante después, Grimes también se corrió con un largo y lento embate que pareció una ola de ese mismo océano, una ola que rodase por una playa desierta. Callie soltó una exclamación y arqueó la espalda.
Cuando Grimes abrió los ojos para mirarla, ya no era Callie. Tenía el cabello negro, tan negro como el de Luther. Su piel no era morena, sino olivácea, y su cara era la de una bellísima muchacha, casi una adolescente, de rasgos latinos.
Grimes reconoció esa cara y gritó. Sus entrañas se convirtieron en un río de lava. Tensó los músculos, pero siguió sin poder moverse. Gritó y despertó.

Ciudad de hiel, Tim Wilcox (título original en inglés: Bad City Blues), Ediciones B, Barcelona, 1999, págs. 182 a 184.
Mentira, codicia y traición. Un tema clásico, enmarcado en el reparto de un botín considerable es el tema de Ciudad de hiel, la tercer novela de Tim Wilcox, en la cual el autor lleva a cabo una profunda reflexión sobre la violencia en crudo e inevitable y la psique, descubriendo las capas terroríficas y pobladas de fantasmas que enfrenta y une a víctimas y verdugos. Creo que puedo asegurar sin temor a equivocarme que la manera que tiene Wilcox de tratar las pasiones del ser humano, no es comparable a la de ningún otro escritor de novela negra.
Con este post termino por ahora esta secuencia de fragmentos de novelas negras de autores escogidos, para no empalagar. Y para que lo disfrute nuestra lectora Graciela, que ha elogiado la anterior selección.

 
Publicado por Simon a las 05:00

Respuestas
Aún sin respuestas.

Tamaño de letra
Sindicación
Publicaciones
Publicidad
 
 
Categorías
Enlaces