Colección Voyeur

Lunes 01 de Agosto de 2005
Un orgasmo de mujer

Un orgasmo es una agradable sorpresa, un milagro, una ensoñación, un encantamiento, una avalancha de sensaciones. Estupor y maravilla a la vez.
Comienza con la estimulación –que será más deliciosa y excitante cuanto mayor sea la experiencia de él–, y su duración puede durar minutos o puede sentirse por horas.
Personalmente, me deja las piernas como si fueran gelatina durante lo que quede del día.
Me aumenta el tamaño de los pechos, me los ponen turgentes, plenos, henchidos. Siento los pezones como si fueran de piedra incandescente. La vulva, inflamada, se me inunda de miel y, me da la sensación que el clítoris  va a estallarme entre las piernas.
En algún lado leí que nuestro útero se eleva, cambiando de posición, quizás esperando lo que vendrá. La lubricación de la vagina, facilita la entrada de nuestro amoroso visitante. La tensión arterial, tanto en nosotras como en ellos, sube y ambos sentimos esas contracciones que desencadenan el placer mayor.
A mí me descalabra el cerebro. Veo estrellas en el firmamento y me explota la cabeza en un rojo tan intenso, que no lo he vislumbrado ni en la más amplia paleta de colores. Los muslos me tiemblan, el vientre me palpita y se me da por balbucear incoherencias.

Es en ese momento cuando nosotras queremos –más bien exigimos– la ofrenda. Ese regalo que nos hace el hombre con su simiente cálida, que nos llena, nos colma y se derrama en nuestro interior como un mensaje de la vida misma. No sólo la queremos, sino que la exigimos con la mente, con el cuerpo y con el alma. Arreciamos con el movimiento de nuestra pelvis, sacudimos las caderas, nos aferramos a su espalda, le clavamos las uñas y buscamos, anhelantes, su boca.
Es entonces, cuando nuestro hombre, se nos entrega.
No importa si sea joven y nos invada como un torrente o si, en el caso de un hombre maduro, se deslice sutilmente en nuestro interior, hasta inundarlo con ese néctar que es savia de vida.
Cuando sentimos ese homenaje, y si somos sanas de cuerpo y de alma, nos dejamos llevar. Las contracciones de nuestro sexo se desbocan, como si nuestra vulva –sin control de nuestra voluntad–, quisiera seguir exprimiendo a ese fruto jugoso que es la virilidad de nuestro querido... de nuestro macho.
Porque de eso se trata. De un mensaje que nos llega desde el fondo de los tiempos. En ese momento –yo, al menos–, no lo considero ni mi marido, ni mi amigo íntimo, ni mi amigovio, ni mi amante. En ese instante sublime, ese hombre que me separa las piernas con su cuerpo es mi macho, y yo soy su hembra. Su bien más preciado. Su máxima ofrenda.
Después, lentamente, la ruborización que me había congestionado el pecho y la espalda decrece. No siento los senos tan henchidos y mis pezones vuelven a su lugar.
Es en ese momento en que, sintiendo su confortable peso sobre mi cuerpo, se me da por acariciarle el cabello y hacerle arrumacos.
¿No les ocurre lo mismo, queridas lectoras? Y ustedes, señores... ¿saben de qué estoy hablando? Si ambos lo reconocen, y han experimentado estas sensaciones, dichosos de ustedes.

 
Publicado por Silvia a las 05:00

Respuestas
01 Agosto 2005 - 06:23
Enviar un emaileros
Sin duda, todo un torrente de sensibilidad al describir esos momentos tan especiales. Bravo! Creo que en el caso de los hombres podemos sentir sensaciones similares, pero creo que lo haces de forma mas "animal"... Según mi opinión, una de las claves y llaves que tenemos para hacer que sintáis esas sensaciones es tener claro que las mujeres necesitan que estemos a la altura de la sensibilidad y delicadeza que necesitáis. Si un hombre es capaz de entender tu post y tenerlo en la cabeza cuando el momento lo requiere... tendrá el éxito en su mano. Si se olvida y sólo él se convierte en protagonista (como tantas veces pasa), poco os ayudará. besos Silvia... PD: No voy a negar que tu post me ha creado mas de una convulsión en el cuerpo.
01 Agosto 2005 - 06:47
Enviar un emailCdaae
Extraordinaria descripcion, segun lo iba leyendo, me veia a mi misma en ese momento unico e increible. Efectivamente a mi por lo menos tambien me ocurre. Impresionante y muy bien narrado Saludos
01 Agosto 2005 - 10:32
Enviar un emailgeorgina
che silvia......cuantos años acusa tu documento? Por Dios!!!!! Que manera tan antigua y ortodoxa de describir.....La verdad,este blog ya no me gusta.Me da lástima. Georgina
01 Agosto 2005 - 15:42
Enviar un emailSilvia Bonasi
Gracias a ti Eros, por tus elogios y por tomar en cuenta lo que nos gusta a las mujeres; y gracias a ti Christine, por abrirte como mujer, y compartir conmigo las sensaciones y los sentimientos de mujer. Les dejo un beso. Silvia
03 Agosto 2005 - 20:57
Enviar un emailPaz
Yo pierdo la capacidad de expresar lo que siento, me vuelvo gutural e ininteligible. Siento el deseo de quedarme ahí, de que el otro acabe en mí, conmigo o que me riegue, desde arriba, como si mi carne fuera un erial. Y después, el silencio. El darme cuenta de que estuve en otro ámbito, que de tal revelación sólo él fue testigo.
04 Agosto 2005 - 07:03
Enviar un emailSilvia Bonasi
Paz, querida amiga, lo has descrito mucho mejor que yo misma. Te dejo un beso.
04 Agosto 2005 - 14:28
Enviar un emailLorelei
Aplausos de pie! Aún me tiemblan las piernas, al igual que cuando leí "El Beso en la Boca". No sería capaz de describirlo en palabras tal como tú lo logras, pero eso no significa que no sienta esa explosión interna atemporal en cada orgasmo y su solo recuerdo al leerte me haga esbozar una sonrisa de esas que iluminan la mirada. GRACIAS!
04 Agosto 2005 - 23:39
Ludhiana
Como lento tintinear de musculatura ardiendo, corre el calor y la fibrosidad enerba, sacude, ensufla el ardor y la tensión creciendo, destella cuan cristal que no se oye ni rompe, desarma el control e irrumpe en estelares formas, como puntas micrónicas explota el atractor vaginal tansformandose en alivio, descanso, paz.
08 Agosto 2005 - 23:36
Enviar un emailJosé Miguel
Silvia, eres una extraordinaria observadora, y describes muy bellamente lo que le sucede a una mujer, te agradezco tu bella descripción, de verdad que es muy buena. Ah! te recomiendo leer el poema El Insecto de Pablo Neruda, aparece en el libro Extravagario. Cuando te leí, he recordado ese poema.Saludos cordiales. José Miguel.

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